| 6. Patrimonio documental |
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Junto a la piezas de pintura y escultura, el Museo de la Abadía muestra una cuidada selección de documentos escritos e iconográficos que
forman parte de la identidad de la Orden del Císter.
Un extraordinario valor testimonial e histórico posee el llamado Libro Mudéjar que contiene las actas de las tomas de
hábito y profesión de las monjas del monasterio, desde1605 a 1877. En su folio
47 figuran las actas correspondientes a las profesiones de Andrea y Claudia,
hijas de Pedro de Mena. Como reflejo de las asociaciones y congregaciones
establecidas en otro tiempo en el templo cisterciense se expone un Libro de
Resumen de las Indulgencias concedidas a los fieles que rezaren al altar y a la
Imagen de san Francisco de Paula, datado en 1782.
Notable calidad artística revelan una serie de calcografías o grabados sobre plancha de cobre de procedencia diversa.
En un solo volumen aparecen encuadernados el Diseño del Arte de la Pintura
(1609) de Giovanni Orlando y la Vida de san Benito (1611) de Andrea Vaccario. De
1757, es la calcografía con La Aparición de la Virgen de la Victoria a San
Francisco de Paula, grabada en Valencia por Manuel Monfort según diseño del
escultor malagueño Fernando Ortiz.
Mención especial merece la soberbia colección de cartas de profesión de las religiosas. La Carta de profesión es un
documento de valor puramente testimonial que ratifica la promesa solemne de una
religiosa a someterse voluntariamente a la Regla de la Orden. Durante la misa de
la Ceremonia de profesión solemne, las religiosas cistercienses llevan consigo
este documento que leen ante la Madre Abadesa en el momento de pronunciar los
votos perpetuos. En este documento, la aspirante promete estabilidad y
conversión de sus costumbres y su "obediencia hasta la muerte", según la Regla
de san Benito Abad y las Constituciones de la Religión y Recolección
cisterciense de la cual pasa a formar parte.
La Abadesa, en nombre propio y en el de la Comunidad, recibe y acepta el voto, tras lo cual la profesa firma su carta. El
documento queda depositado en el altar durante la ceremonia, siendo sancionado
con las rúbricas de la Abadesa y la del Obispo de la Diócesis o su representante
en el acto.
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El Archivo del monasterio conserva las cartas de profesión de sus religiosas desde 1644 hasta hoy. De tan excepcional patrimonio documental
se expone una selección que atiende, sobre todo, a su valor histórico-artístico.
La tipología de estas cartas combina lo estrictamente documental con lo
iconográfico. En líneas generales, el texto que promete la Regla se ve rodeado
de pinturas o dibujos que hacen gala de una gran fantasía ornamental. Desde las
cartas adornadas con sencillas grecas florales o geométricas, pasamos a aquellas
otras con forma de cartela decorativa o bien de marcos y molduras de cuadro. La
serie culmina en las que adoptan espectaculares composiciones, animadas con
vistosa policromía, que recuerdan los frontispicios grabados que encabezan las
portadas de los tratados, obras literarias y todo tipo de libros desde el siglo
XVI. Por este motivo, manifiestan un marcado carácter "arquitectónico" que los
asemeja a fachadas altares y retablos donde se alojan distintas imágenes
religiosas alusivas al nombre de religión de la profesa y/o los santos de la
Orden del Císter.
En definitiva, toda una sugestiva galería de testimonios individuales que hacen suyas, de múltiples formas y modos,
aquello mismo que San Bernardo recomendaba al advertir: En ninguna de mis obras
has podido leer que no puedas alcanzar la perfección dentro de tu propio
claustro. Si las has leído atentamente habrás advertido que lo que yo recomiendo
para ser perfectos, no es mudar de residencia, sino mudar de costumbres.
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