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  Museo de Artes y Costumbres Populares
Datos generales  
 

Dirección: Pasillo de Santa Isabel, 10 - 29005 Málaga

 

Teléfono: 952217137

 

Fax: 952217137

 

Correo electrónico: fundacion@unicaja.es

 

Dirección web: Museo de Artes Populares

Características  

Tema: Artesanía. Costumbrismo.

Año de creación: 1973

Año de apertura: 1976

Número de piezas: 500

Titularidad: Unicaja

Entrada: Niños gratuita

Horario: 10-13:30 y 17-20 h. Cerrado Sábados tarde, Domingos y festivos.

Dispone de los siguientes servicios:

Líneas de autobuses

Permitidas las fotografías

Tienda

Visitas guiadas

Museo de Artes y Tradiciones Populares
Descripción  
Sala de la Cocina - Museo de Artes y Tradiciones Populares

El Museo de Artes y Tradiciones Populares de Málaga es fruto de una labor coordinada entre diversas instituciones, que logró dotar a la ciudad de un tipo de museo, el etnográfico, reclamado desde el primer cuarto del siglo XX como depositario de tradiciones y modos de vida que se podían perder con la modernización y tecnologización de la vida contemporánea y que estaban quedando obsoletos. También se entendía el museo como punto de interés turístico para una ciudad tan cosmopolita. Esta iniciativa se apoya en tres pilares básicos: la recuperación de un edificio histórico-artístico para albergar las colecciones, la reunión de una Colección en pocos años y la creación y gestión del museo por una entidad privada, la entonces Caja de Ahorros Provincial de Málaga, hoy Unicaja.

Existía una pequeña colección etnográfica anexa al Museo Provincial de Málaga, concretamente en su Sección de Bellas Artes, que no encontraba acomodo entre los fondos y montajes del Museo de Bellas Artes. Los promotores del Museo de Artes y Tradiciones Populares fueron D. Baltasar Peña Hinojosa, Presidente de la Academia de San Telmo y del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros Provincial, y D. Enrique García-Herrera, asesor jurídico de la Excma. Diputación Provincial, quienes tras visitar numerosos museos etnográficos españoles, y más concretamente el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Sevilla, que les sirvió de modelo, decidieron iniciar una campaña de recolección de fondos etnográficos por la provincia de Málaga, cuyo fruto fue la formación de una importante colección. A éstos se unieron los fondos de tipo etnológico de la Sección de Bellas Artes del Museo Provincial de Málaga del que nuestro museo continúa siendo filial.

Un momento importante para el museo fue la decisión de albergarla en el antiguo Mesón franciscano de la Victoria, un inmueble del que ya se preocupó la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, a través de uno de sus miembros, D. Juan Temboury Álvarez, quien en 1963 envió a la Comisión Central de Monumentos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando un completo informe para su declaración como monumento provincial y local, acogiéndose al Decreto de 22 de julio de 1958, y cuyo resultado fue la concesión al Mesón de la Victoria del título de Monumento local de interés Histórico-Artístico, por la Dirección General de Bellas Artes, por Orden Ministerial de 17 de septiembre de 1964.

Bandolero - Museo de Artes y Tradiciones Populares

Sin embargo, a pesar de las reiteradas peticiones del Excmo. Ayuntamiento de Málaga y la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de ayudas económicas para restaurar el inmueble, éste continúa en estado de ruina hasta el año 1974, cuando lo adquiere la Caja de Ahorros Provincial de Málaga y comienza su restauración y rehabilitación para nuevos usos. En 1975, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo solicitó el uso del edificio como Museo Etnográfico, que aceptó la actual Unicaja, inaugurándose en octubre de 1976.

La colección del nuevo museo contó además con dos importantes colecciones: el archivo del periodista y cronista local Narciso Díaz de Escovar (1860-1935), y la colección de barros malagueños reunida por el coleccionista londinense Peter Winckworth.

En la actualidad el Museo de Artes y Tradiciones Populares se ha convenido en uno de los más visitados de la ciudad de Málaga, que cuenta con un activo programa de visitas escolares, para las que existe un completo material pedagógico para alumnos de distintos niveles educativos, así como material para preparar la visita por el profesor, y también dispone, en su caso, de servicio de visita guiada previa concertación de ésta por los centros o grupos escolares que deseen visitar el museo, y que será gratuita.

El actual inmueble que ocupa el museo fue construido por la comunidad de PP. Franciscanos del Convento de la Victoria. Los franciscanos mínimos, además de fundar convento en Málaga, en solares cedidos por el rey Fernando el Católico, poseían intramuros de la ciudad una ermita y hospedería para alojar a otros hermanos que visitasen la ciudad, ocupando en las ramblas del puerto la antigua ermita de la Virgen del Mar, anexa a la cual se encontraba la hospedería, que debieron abandonar en 1621.

Tras el derribo de las anteriores construcciones, cercana a la antigua Puerta Nueva, principal zona de acceso por tierra a la ciudad, y en la parte trasera de una importante zona comercial, constituida por las Reales Atarazanas, Alhóndiga y Herrería del Rey, construyeron el actual Museo-Mesón de la Victoria, según sabemos por escrituras notariales, el año 1632.

De las obras se encargaron los canteros Sancho Meléndez y Miguel Pérez, con un plazo de construcción de diez meses.

En la construcción del siglo XVII, la mayoría de ella conservada, el acceso se practicaba por la actual parte trasera del inmueble, por la calle Camas, que daba directamente sobre el amplio zaguán, junto a la cocina, desde donde se pasaba al patio distribuidor, que centra la edificación y sobre el que se abren las dependencias de la primera y segunda planta, y terminando en los establos o cuadras, al final de la construcción, con un pequeño patio trasero. En la actualidad, la articulación del museo se abre desde el Pasillo de Santa Isabel, descendiendo al patio trasero, por la diferencia de nivel entre el Mesón y la antigua muralla perimetral de Málaga, hacia el antiguo acceso que se encuentra, cerrado. En 1802 se vende como Obra Pía, continuando como posada, más tarde cuadra y almacén, y por último, antes de su declaración como Monumento local de interés Histórico-Artístico en 1964, como casa de vecinos.

La estructuración y fisonomía actual del inmueble no distan mucho de su aspecto primigenio, manteniendo su composición en tres plantas en torno a un patio central, con el respeto a la zona del zaguán y las caballerizas, por el arquitecto D. Enrique Atencia Molina, encargado de su rehabilitación como museo en 1974.

El edificio se estructura en torno a un patio de luces, que cuenta con un pozo excéntrico, porticado en su planta baja con columnas de piedra toscanas, sobre las que cabalgan arcos de medio punto moldurados, y sobre ésta, una galería con columnas también toscanas y arcos de medio puntos rebajados, con cierre de rejería, que sirven de ventilación e iluminación a las estancias que se abren en derredor del patio, y con una tercera planta, de acceso desde una de las salas de la planta segunda, que sólo tiene fachada a la calle Camas.

Arquitectónicamente las áreas más sobresalientes son la zona del zaguán, con antiguo empedrado en su solamiento, al que se abren la cocina y un pequeño comedor en distintos niveles, y columnas centrales toscanas y techumbre con envigado de madera, destacando su gran portón de acceso y el amplio hogar de la cocina; y la zona de la cuadra y establo, un amplio espacio columnado, y también solado con empedrado, que tiene una estructura central a modo de patio cubierto, que cubre las dos alturas, antigua zona donde poder vigilar las caballerías y mercancías desde los dormitorios del mesón, dispuestos en la segunda planta.

El edificio, que no presenta grandes alardes constructivos ni decorativos, pero de intenso sabor popular, destaca por el empleo de los materiales tradicionales en las construcciones domésticas en el siglo XVII, la cantería se reduce a la fachada principal a calle Camas y las columnas toscanas repartidas por el inmueble, mientras que el resto se construye con ladrillo y mampostería enlucida y. enjalbegada. En su techumbre se emplea la teja morisca tradicional, y se enloza con mazaríes, popular loza de barro cocido, característicos de las edificaciones tradicionales del sur de España y de tradición mudéjar, siendo en la actualidad uno de los inmuebles más antiguos de Málaga, muestra indiscutible de una tipología doméstica de edificios dedicados a mesones y posadas, que aunque solo fuese por ello, merece ser visitado.

Entre las colecciones que el visitante puede contemplar en el museo, se encuentran las herramientas y obras de las principales actividades económicas que han primado tradicionalmente en Málaga, no sólo capital sino provincial. El estudio de las colecciones ha tenido como principal factora a Dª Encarnación Escalera Pérez, aunque su Memoria de Licenciatura se encuentra sin publicar.

Para su mejor presentación, iremos exponiendo las colecciones según las salas que podemos visitar, desde la primera, que corresponde al patio actual de acceso al museo, hasta el Archivo Narciso Díaz de Escovar, en la segunda planta.

Tras el patio de acceso llegamos a la sala I del museo, la antigua cuadra y establo, donde se han dispuesto las colecciones destinadas al transporte y comercio de la provincia. En esta sala, además de su función como unidad expositiva, se ha instalado el mostrador de información y control de visitas, donde además podemos adquirir algunas publicaciones sobre el museo. En este gran espacio separado en tres naves por pilares rectangulares, se han instalado distintos objetos entre los que destacamos por su enorme interés y atracción pública, los siguientes fondos museísticos.

La bomba de incendio a vapor, realizada en madera, hierro y cobre, antepasado curioso de nuestros actuales coches de bomberos. El presentado aquí, obra de la Casa A. Thirion de París, es un ejemplo de bomba contraincendios, de tracción animal, con una boca de entrada para el agua y dos de salida. Galardonado el modelo con medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1878, en su placa se recoge la fecha de 1885, se acompaña de manguera y boca de manguera, así como de cinturón y hacha de bomberos, ya del siglo XX, fruto de donaciones al museo.

También podemos ver una berlina para el transporte de viajeros, de la primera mitad del siglo XX, donada al museo. Está realizada en madera, hierro y cristal, y con capota de lona, para tracción animal de enorme atractivo.

Es curiosa la colección de jamugas, sillas de montar para viajeros con estructura de madera y cuero o lona, en forma de silla de tijeras, que se dedicaba sobre todo para el desplazamiento de las damas en caballería. Todas ellas se han datado en la segunda mitad del siglo XIX.

Junto a estos ejemplos de transporte de personas, se encuentran otros objetos para el transporte de mercancías o dedicados al trabajo del campo. Dentro de éstos, destaca el carro de bolsa, de la primera mitad del siglo XX, con estructura de madera y una gran bolsa en forma de red para transportar la paja, cuya placa de permiso de rodaje, nos informa de su uso en el pueblo de Alameda entre 1937 y 1965.

Junto a este carro, podemos ver yugos o ubios para el arado de la tierra, colleras, capachas, cerones, aguaderas, así como arreos para enjaezar las caballerías: frontiles tanto de trabajo como de fiesta, cabezales con bozal, las cinchas o barrigueras como aparejo para sujetar al cuerpo de las bestias los tiros o cargas, las jáquimas o cabezales completos para las monturas.

Podemos ver así juegos completos para la montura de las bestias, con la barriguera como sujeción inferior y el ataharre, para la sujeción trasera de la cabalgadura, sobre éstas se dispone el albardón, almohadillado de lona con paja de centeno. Sobre él se dispone el ropón de tela y la sobrejalma, con tela y paja, terminando con la jalma de tela, de decoración y vistosidad a veces exhuberante, sobre los que pueden disponerse bien las sillas para viaje, los cerones, aguaderas o cantareras.

Desde aquí pasamos al patio, sala II, que a mano izquierda da acceso a la sala III, dedicada a la forja y los trabajos de lampistería. En ella se simula de forma ambientada una fragua con su fuelle, para avivar la llama del fuego de la fragua, adquirida por el museo, junto al que se expone la bigornia o yunque pequeño, y diversos modelos de tenaza usados en el trabajo del metal, así como el espetón para mover las brasas. Del trabajo de la forja se exponen algunos ejemplos, como una veleta, candados con cerrojos y llaves, y varios modelos de rejas.

De los trabajos de lampistería, destaca la bigornia del latero, yunque más estrecho que el usado en la forja, así como herramientas para el trabajo del latón. Como piezas de este oficio aparecen faroles de aceite, calderos, así como otros objetos de hojalatería.

En la sala siguiente, IV, se dispone una tahona con el horno y todos los utensilios para amasar, dar forma a las piezas de pan, su cocción y extracción del horno: caballete de artesa y artesa para el amasado de la harina con el agua, la sal y la levadura; cedazos para la criba de la harina; una puerta de horno, las palas para introducir el pan en éste; etc.

En la sala V, dedicada a una de las tradicionales labores de Málaga, la mar, centrada por una embarcación típica de nuestras costas, sardinal, destinada a la pesca de bajura, así como la maqueta de una Jábega. Junto a estos modelos de embarcación se encuentran algunos exvotos marineros en óleo sobre cristal, indumentaria de los tradicionales vendedores callejeros de pescado, los cenacheros, también representado en un barro malagueño de finales del siglo XIX.

Destaca un mascarón de proa, en madera tallada y policromada, representando un torso femenino, quizá relacionado con un personaje mitológico, fechado a finales del siglo XIX. Como elementos de la pesca costera o de bajura se disponen boyas, rezones o anclas de cuatro brazos, fondeaderos de redes, trasmayo, red y boliches y un trono en madera para varar las barcas en la arena.

Saliendo de esta sala, el visitante se encuentra con un amplio espacio a dos niveles, dividido en tres salas (VI, VII, VIII), que corresponden al zaguán de acceso antiguo al mesón, y las zonas de atención al cliente, la cocina y el comedor.

La cocina está presentada en su emplazamiento original con el gran hogar y un amplio mueble de obra donde se disponen los más variados utensilios de las labores culinarias, así como candiles, plantas antiguas, y soportes de éstas en metal y distintos trabajos de forja. Encontramos en él plateros, con loza de la época, grandes fuentes y lebrillos, chocolateras y el anafre, pucheros y trébedes, para colocar éstos sobre la lumbre, molinillos y tostadores de café, etc.

El comedor, está dispuesto a modo de cámara ambientada con el mobiliario y el menaje típico de un comedor rural antiguo. En ella se reproduce el comedor popular con una mesa tocinera en madera de pino, sillas de madera y enea, arcón de finales del siglo XIX o principios del XX, una rueca de la misma fecha, artesa, cantarera, así como una alacena empotrada en la pared, donde se exponen diversos ejemplos de cerámica popular.

Podemos destacar en esta sala la heladera, en madera y hierro de principios del siglo XX, con una cubeta de madera con mecanismo interno accionado por manivela, para la fabricación de helado, la escopeta de caza, morteros y almireces con sus mazas, así como la fotografía colgada como ambientación de la sala, obra de Wandre realizada en Málaga en la primera mitad del siglo XIX, que representa a un soldado del Regimiento de Borbón de Málaga, firmada por su autor.

Antes de subir a la planta superior, nos resta por visitar de esta planta baja las salas IX y X, dedicadas a la obtención del vino. Antes podemos ver en el patio un organillo de la primera mitad del siglo XX, fabricado por la Cooperativa Coll y Garriga.

Entrando ya en las salas dedicadas al vino, se presentan tres espacios que responden a tres fases en la vida del vino: un lagar de viga para el prensado de la uva procedente de la población de Sedella en la Axarquía, fechado a finales del siglo XVIII; la bodega con sus característicos toneles para su almacenaje y crianza, botas, embudos, etc.; y la taberna, con su mostrador en madera de pino y de cinc, procedente de una taberna del barrio malagueño del Perchel, de principios del siglo XX, cartelería taurina, catavinos, botellas de bola para la gaseosa, damajuanas de vino con recubrimiento de esparto, sifones, la cabeza de un novillo, mesas y sillas de enea. Un gramófono y lotes de discos de gramófono, y un típico juego de la rana.

Anexo a esta unidad se encuentra un espacio pequeño que representa una almazara de aceite, de la segunda mitad del siglo XIX procedente de una antigua finca existente en la actual presa del Limonero. Junto al molino se encuentra una prensa de aceite de la misma procedencia, medidas, una zaranda para cribar la aceituna de palitos y hojas, en madera de olivo y alambres de hierro, y otros utensilios empleados en la recolección de la aceituna y fabricación del aceite.

Volviendo a salir al patio, accedemos por la escalera al piso superior, y a la derecha encontramos la sala XI, donde aparecen diversas manifestaciones de la vida burguesa del siglo XIX y la primera mitad del XX. Entre ellas destaca el retrato de la actriz malagueña Anita Delgado, óleo sobre lienzo obra de Henri Gervex (1852-1929), quien la representó como maharaní, al unirse en matrimonio con el Maharajá de Kapurtala. El otro lienzo, representa a la actriz recostada, vestida a la oriental.

En la sala podemos además admirar otros objetos de la época, como anteojos o gemelos o impertinentes para ir al teatro, abanicos, calzado femenino, ajuar y juegos infantiles, entre los que destaca la casita de muñecas de principios del siglo XX, con la representación en miniatura de cuatro habitaciones, con todo su mobiliario y menaje: el dormitorio, salón, comedor y cocina.

Desde aquí, accedemos a la sala XII, dedicada a la imprenta, donde destaca la producción litográfica, de la que se exponen numerosas piedras litográficas, así como una mesa litográfica y mesa de imprenta, la máquina para imprimir, de la Maschinen Fabrik. A. Hogenforst, realizada en 1925 en Leipzig, adquirida por el museo al Diario Sur, así como numerosos ejemplos de este arte: los famosos lechos para las cajas de pasas, principal actividad económica de la producción agrícola de Málaga en el siglo XIX; proyectos urbanísticos y arquitectónicos; planos, etc. Algunos de ellos son del arquitecto Rafael Mitjana, uno de los principales impresores de la ciudad en el siglo XIX, siendo su taller litográfico de los más importantes de este siglo.

Junto a ésta, se encuentra la sala XIII, que reconstruye de forma ambientada un gabinete decimonónico con mobiliario de época.

Más importante es la sala contigua, la número XIV, que reproduce el despacho del poeta Arturo Reyes, centrado por su gran escritorio, de finales del siglo XIX, obra de madera, hierro y cristal que cubre su tablero, a juego con el sillón, de la misma fecha y estilo. Se expone un busto de escayola del poeta, obra de principios del siglo XX. También pertenecieron al despacho del poeta la estantería-escritorio, en madera y metal, el tintero en piedra que aparece sobre la mesa-escritorio, el dibujo a lápiz obra de Diego García Carreras, que representa a una figura femenina con mantón, en un patio, así como otros objetos aquí presentados, a los que se han unido materiales distinta procedencia para dar una mayor ambientación al despacho, algunos de ellos procedentes del estudio del abogado Narciso Díaz de Escovar.

Saliendo de esta unidad expositiva, nos encontramos de nuevo en la sala XII, en la que también podemos contemplar en vitrinas algunos trajes femeninos. De aquí pasamos a la sala XV, donde se ha montado un dormitorio rural, con su cama, baúl, máquina de coser, cuna, brasero, aseo, bacinillas, etc.

La pieza más llamativa es el sillón de partos o silla paritoria, de finales del siglo XIX en madera de pino y cuero. En su asiento podemos ver una hendidura para facilitar a la matrona la atención del parto mientras la parturienta podía esforzarse en el nacimiento del niño aferrándose a las agarraderas o pomos que presenta el sillón en sus brazos.

La unidad se completa con aperos de labranza con horquillas, arados del conocido como "romano", por tener la cuchilla que abre los surcos en la tierra de forma cilíndrica, úbios o yugos para las bestias que tiraban del arado, material relacionado con el trabajo del esparto, así como un completo taller de guarnicionero, con las herramientas necesarias para el trabajo del cuero.

También se puede contemplar una colección completa de antiguos envoltorios de pasas, el producto malagueño más comercializado en el siglo XIX y parte del XX.

La sala XVI presenta piezas de cerámica popular tradicional de nuestra provincia, como la cerámica de Coín, coloreada en

verde, muy empleada en la confección de elementos constructivos, como los canalones y gárgolas para aliviar el agua de los tejados, o remates en forma de pinjantes o jarrones.

En la sala XIX, entre otros objetos de las fiestas populares de la provincia, como cartelería, objetos e instrumentos relacionados con los verdiales, o trajes típicos malagueños y andaluces, destaca la colección de Barros Malagueños.

Nos detendremos un momento en la presentación de lo que es la joya del Museo de Artes y Tradiciones Populares de Málaga. La tradición de los barros, famosos en el siglo XIX por su valor artístico y comercial, cuya producción llegó a imitar hasta la vecina Granada, comienza en el siglo XVIII de la mano de las figuras de Belén, tan tradicional desde este siglo en los países del noroeste de la cuenca Mediterránea.

De las figuras de Belén, origen de una importante producción popular de figuras religiosas en barro policromado, de la que poseemos numerosos y notables ejemplos, se comenzó a comercializar en el siglo XIX un importante lote de figuras en barro policromado de gran realismo, con los tipos andaluces más populares como majas, majos, toreros, bandoleros, cenacheros, bailaores, bailaoras, etc, recuerdo para turistas que visitaban la misteriosa y legendaria Andalucía de románticos y postrrománticos decimonónicos.

La producción alcanzó tal éxito de venta y tal calidad artística, en talleres alfareros como los de José Cubero, José Vilches, Salvador y Antonio Gutiérrez de León o Francisco Muzzo, entre los más conocidos, junto a una producción de alfareros anónimos importante, que no sólo fue aumentando su producción a lo largo del siglo hasta decaer en el XX, sino que se fueron ampliando los tipos a representar, como todas las suertes del toreo, sacerdotes, pedigüeños, borrachos, jugadores de cartas, aguadoras, gente del pueblo en general, hasta completar un retrato fidelísimo de la sociedad andaluza del siglo XIX. A las notables producciones malagueñas, se unen las granadinas, como las producidas en el taller de Román.

Por no ser injusto con ninguna de las presentadas en esta sala, todas de similar calidad, no seleccionaremos ninguna. El visitante elegirá entre la amplia gama de tipos presentados de la colección de Peter Winckworth y otras piezas que más tarde se han ido añadiendo a la colección original del londinense.

Como última sala, la XX, se expone la capilla, con manifestaciones religiosas de muy variada procedencia. Entre las fijezas más curiosas y exclusivas de nuestra provincia se encuentran los cristales populares, pintura sobre vidrio cuya dificultad y producción para la devoción popular privada y de consumo masivo, introduce una estética sumaria casi naïf, no exenta de gracia y atractivo. La mayoría, como el que representa a la Divina Pastora o el de San Miguel, están realizados en aguada sobre cristal, fechados en el siglo XVIII el primero y XIX el segundo, aunque también se muestran algunos ejemplos de óleo sobre cristal, como los patronos de Cádiz, San Germán y San Gervasio, o mezcla de aguada, óleo y cristal, como el Ecce-Homo. La mayoría son de producción popular, y por tanto anónimos.

También destacan las labores de lampistería, de faroles antequeranos del siglo XVIII al XX, realizados en latón y cristal, únicas en la provincia. Por mencionar algunas otras piezas de la capilla, la Virgen de los Dolores, que preside la sala, imagen de vestir realizada en barro policromado en el siglo XIX, procedente de la capilla del Hospital Civil de Málaga. La imagen de San Rafael, talla policromada fechada a finales del siglo XVII y principios del XVIII, de un discípulo del escultor granadino José de Mora; la numerosa orfebrería en plata, presentada en la sala; y los objetos de devoción popular como la Cruz de mayo, los exvotos marianos, las urnas con representaciones en muy variados materiales.

A la salida de la sala donde se ambienta la capilla, nos encontramos frente al archivo de Narciso Díaz de Escovar, que normalmente no forma parte de la visita, pues está destinado a la investigación sobre su variado y rico archivo documental de la Málaga del XIX y primera mitad del XX. Y aquí damos por finalizada la visita al Museo de Artes y tradiciones populares de Málaga.

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