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La creación del Museo municipal de Antequera tuvo lugar gracias a la iniciativa de un grupo de antequeranos y residentes en la ciudad, ante la salida de importantes bienes del patrimonio histórico de ésta y por la enorme importancia de un hallazgo, que dotó de premura y de todo su sentido al proyecto: el "Efebo de Antequera", encontrado fortuitamente por un agricultor en las labores de arado del campo, quien lo mantuvo escondido en su casa durante años. Al salir el hallazgo a la luz, y ser reclamado por el Museo Arqueológico Nacional, se creó un museo, por acuerdo municipal, como marco idóneo para albergarlo y reunir, por añadidura, el arte local disperso, los hallazgos arqueológicos, y el material etnológico de la zona. Autorizada su creación por el O.M. de 2 de Diciembre de 1966, el museo se inaugura oficialmente el 15 de Marzo de 1972. La entrada en funcionamiento del proyectado Museo de los Dólmenes, junto a las Cuevas de Menga y Viera supondrá una completa reestructuración del panorama museístico de Antequera con especial incidencia en el museo del Palacio de Nájera. El palacio de Nájera, edificio que alberga el Museo Municipal, comenzó a construirse a principios del siglo XVIII, como residencia de D. Antonio de Eslava y Trujillo. Continuó con los trabajos su hijo D. Francisco de Eslava y Almazán que completó la obra a mediados del mismo siglo, añadiendo la torre mirador, el patio claustral y la caja de escalera. El elemento más significativo de la fachada, la torre del mirador, obra del alarife antequerano Nicolás Mejía, es una transposición barroca de un modelo arquetípico de la ciudad que se remonta al siglo XVI en la que destaca el gran vuelo de sus cornisas y la maestría de la técnica de ladrillo cortado. El edificio se organiza alrededor de un patio cuadrado con doce columnas toscanas que soportan un primer piso cerrado y compacto. Todo el conjunto evidencia una impronta barroco-mudéjar característica de la ciudad. Las dos plantas se unen por una escalera de doble trama cubierta por una cúpula profusamente decorada de yeserías muy efectistas. Las colecciones con las que cuenta el museo se inician con la sección de arqueología, ubicada en la planta baja, con importante material epigráfico hallado en Singilia Barba, Nescania y lluro, procedentes en su mayoría del Arco de los Gigantes, construido en la ciudad en 1585, en las galerías abiertas al patio. En la antesala del Efebo una vitrina alberga materiales prehistóricos y romanos de pequeño formato entre los que sobresale un bronce con la personificación de "Antiocheia sobre el Orontes" (s. I-II). Enfrente destaca un busto en mármol blanco identificado como Druso el Mayor por algunos investigadores y como Germánico por otros. La sala siguiente está presidida por la obra emblemática del Museo, "El Efebo de Antequera", bronce romano, del siglo I, de 1,54 metros de altura que representa a un muchacho probablemente llevando en sus manos una guirnalda. Apoyado en la pierna derecha, presenta un suave movimiento en S gracias al tiro de su cabeza y el ingrávido apoyo de su pierna izquierda. La visión lateral permite apreciar aún mejor las delicadas calidades de su cuerpo. La visita continúa en la planta primera con la sección de bellas artes. La galería alta se ocupa con dos series pictóricas sobre la "Vida de Jesús", siete pequeños cuadros sobre lata con vistosas cornucopias doradas y sobre "La Vida de la Virgen", dos grandes lienzos de "el Mudo Arellano", y el otro del mexicano Juan Correa. La Sala del Facistol alberga, en su centro, uno con incrustaciones de taracea inspirado en el que hiciera Alonso Cano para la Catedral de Granada, soportando dos libros de coro de 1570. Dos esculturas del siglo XVI, "Santa Lucía" y "Santa Eufemia", algunas pinturas del siglo XVII, "La Adoración de los Pastores" y "La Adoración de los Reyes", comparten espacio con una composición de Pedro Atanasio Bocanegra: "La Virgen y el Niño adorado por los pastores". Entre las piezas de orfebrería hay que señalar una bandeja gótica de principios del siglo XV y una cruz procesional de plata dorada y esmaltes azules de hacia 1625. En la Sala de las Tacas, enmarcadas por obras de Antonio Mohedano Gutiérrez (1599-1626) "Santa Lucía", "La Asunción", "La Virgen del Silencio" y Pedro Antonio Bocanegra (1638-1689) "La Inmaculada", "La Virgen del rosario" y otros lienzos de menor interés se encuentran las hornacinas que dan nombre a la sala. En ellas se expone una espléndida colección de piezas de orfebrería de los siglos XVI, XVII, XVIII. Entre otras hay que destacar los dos portapaces manieristas de Juan Bautista de Herrera de 1617; dos bandejas de plata labradas hacia 1735 en México por González; un juego de dos atriles al estilo rococó (s. XVIII) firmados por el antequerano José Ruiz; un portaviático rococó de Félix Gálvez y Gabriel de Navarrete, para algunos la pieza maestra del Colegio de Plateros de Antequera. En el centro de la sala, las vitrinas guardan ornamentos sagrados de la Colegiata entre los que hay que señalar las casullas de los evangelistas S. XVI y de Santa Eufemia (S. XV), y los ternos de réquiem y carmesí. En la sala colindante se expone la segunda obra emblemática del Museo: el magnífico "San Francisco de Asís" (h. 1663), del escultor granadino Pedro de Mena y Medrano (1628-1688), en madera policromada, que sigue el modelo de la catedral de Toledo, en nuestro caso de tamaño natural. Mantiene el modelo iconográfico que reproduce la postura del cadáver del Santo al ser visitado por el Papa Nicolás V: "de pie, como si estuviera vivo, calada la capucha, ocultas las manos en las mangas del hábito y con la mirada clavada hacia el cielo". La imagen procede del Monasterio de la Magdalena de donde pasó a la Parroquia de San Miguel y de allí al Museo. Significativas son la Sala de la Virgen del Socorro y la Sala de la Virgen del Rosario que albergan los importantes depósitos de las cofradías antequerenas, que salen del museo en las festividades religiosas encabezadas por estas hermandades. En la primera de las salas mencionadas destacan los ricos enseres procesionales y de culto interno, en particular las "túnicas del Nazareno" (una de ellas granadina de finales del siglo XVIII) y el "manto de la Virgen (1890) de la Real e Ilustre Archicofradía de la Santa Cruz de Jerusalén y Nuestra Señora del Socorro. En la sala de la Virgen del Rosario merece especial mención "el tesoro", fechado en el siglo XVIII, procedente del convento de Santo Domingo. Entre sus componentes destacan las "andas de plata de la Virgen del Rosario", en forma de bellísimo templete rococó, labradas entre 1786 y 1788 por Félix Gálvez y Gabriel de Navarrete. La "custodia y andas del Corpus", también de plata, son obra de Salvador de Argueta (1710-11) y el "templete" (1860), de Francisco Durán. Curioso es el conjunto de "mantos" de la Virgen del Rosario realizados con los vestidos de novias aristocráticas de los siglos XVIII y XIX. En una sala del piso bajo, para completar el arco que describen las colecciones del museo desde la antigüedad, se encuentra la obra del pintor antequerano Cristóbal Toral (1940), con unas 17 obras desde "El Mercado de Abastos de Antequera" de 1962, hasta su hiperrealista y más representativa obra "El Paquete", de 1975. También se pueden contemplar "El Membrillo" (1971), la trilogía "La Espera" (1970), "Equipaje Envuelto" (1970), y "Mujer Dormida" (1970). En el sótano se sitúan dos salas de uso múltiple, en las que se albergan gran cantidad de objetos de tecnología tradicional y popular. Con esta colección y los trabajos de enriquecimiento y captación de materiales que se realizan se espera conformar en un futuro próximo el Museo Etnológico de la ciudad de Antequera. |