| Los orígenes de la Real Archicofradía de Nuestro Padre del Dulce Nombre de Jesús Nazareno y María Santísima de la Esperanza pueden fecharse en torno a 1489, años después de la reconquista de Málaga por los Reyes Católicos, cuando una comunidad de dominicos se establece junto a la ermita de Santa María de las Huertas, en la ribera derecha del río Guadalmedina, donde a principios del siglo XVI se comienza la construcción del convento de San Carlos y Santo Domingo el Real, en los solares aledaños a esta ermita, a la que quedó adscrita esta orden de predicadores. La comunidad traía consigo en su traslado a Málaga una imagen de Cristo, bajo la advocación del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, que tuvo especial fortuna entre el gremio de los toneleros, dominante en aquel momento en el barrio, un sector económicamente fuerte si pensamos en la enorme actividad vinícola de su transpaís, que fundó la Cofradía del Dulce Nombre por Bula de Pío IV, otorgada en 1651. Según documentación sacada a la luz por el Padre Llorden, en 1567 la comunidad dominica cede a dicha Cofradía una de las capillas más próximas a la cabecera del templo, aquélla que poseía el capitán Hernán Lorenzo de Zafra, que se terminó de labrar en 1579. En 1606, conjuntamente con otras cofradías dedicadas en Málaga a la caridad y la penitencia, participó en la organización de lo que hoy conocemos como Semana Santa, y desde su primera salida procesional, se instituyó la bendición que Ntro. Padre del Dulce Nombre da al pueblo malagueño en la Plaza de la Constitución, entonces Plaza de las Cuatro Calles, gozando de cien días de indulgencia aquéllos que recibiesen la bendición con el debido recogimiento, por Bulas de Paulo V (1606) y Benedicto XII (entre 1727 y 1729). En 1641 se creó la Hermandad de María Santísima de la Esperanza, quedando unida a la Cofradía del Dulce Nombre. Durante el siglo XIX, la vida de la Hermandad languideció, sufriendo además graves pérdidas patrimoniales. Algunas se relacionan con la Guerra de Independencia, durante la cual la Cofradía vió mermado su patrimonio tanto en los sucesos de 1808, cuando el ambiente de exaltación patriótica en defensa de la ciudad contra el asedio francés, movilizó no sólo el material humano sino patrimonial de ésta, como tras la conquista de Málaga por el general Sebastiani en 1810, con los saqueos de las tropas francesas en revancha por la oposición ejercida por la ciudad. Sin olvidar los efectos que para la Cofradía tuvo la desamortización eclesiástica de la primera mitad del siglo. En 1908 la Cofradía se reorganiza, comenzando un nuevo período de esplendor, que la sitúa entre las más importantes de la ciudad, y como dato curioso, mencionar que su desfile procesional estuvo presidido en 1922 Por el entonces comandante Francisco Franco, que desde esta fecha fue nombrado Hermano Mayor Honorario, antes de convertirse en Jefe del Estado. Durante la noche del 11 al 12 de mayo de 1931 fue saqueada e 1ncendiada la iglesia de Santo Domingo, destruyéndose la antigua imagen de su titular, mientras que la imagen de María Santísima de la Esperanza fue salvada por hermanos de la Archicofradía, escondida en un barril de carburo. La imagen de la Virgen fue depositada en la Santa Iglesia Catedral, donde recibió culto hasta 1936, pasando a la Sacristía con otras imágenes para su salvaguarda durante el primer año de la Guerra Civil, ya que fue tapiada hasta 1937. El 18 de diciembre de 1938 se acordó trasladarla de nuevo a Santo Domingo, terminada la guerra, saliendo en procesión el Jueves Santo de 1940, acompañada de una nueva imagen de Ntro. Padre del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, obra de Mariano Benlliure, encargada en 1936, pero que no fue entregada hasta dicho año. La idea de crear un museo dependiente de la Archicofradía se inicia en torno al año 1975, cuando se proyecta su futuro traslado a un edificio realizado ex novo, donde se podría contar con espacio suficiente para almacenar expuestos sus enseres procesionales, objetos de culto y ajuar. En 1988, una vez inaugurada la nueva sede de la Archicofradía, el museo comienza su montaje, hasta ser inaugurado aprovechando la visita de la Infanta D. Elena de Borbón y Grecia, el día 14 de diciembre de 1993, como nos recuerda la lápida conmemorativa conservada en los actuales locales del museo (planta baja). El convento de San Carlos y Santo Domingo el Real, muy cercano a la actual CasaHermandad, fue su residencia habitual hasta 1988, donde, como ya dijimos, tenía labrada la capilla para su titular en 1579, a la que se une la imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza, desde 1641. La capilla, la más próxima al altar, tras las diversas vicisitudes históricas sufridas tanto por la iglesia de la comunidad, como por la Archicofradía, fue rehabilitada en torno a la década de los sesenta de nuestro siglo, en un estilo neorrománico, cuya actuación más destacada fue la decoración mural de ésta con el "Retablo de la Pasión", obra del pintor granadino Miguel Rodríguez-Acosta Calstróm, algunos años antes de decidirse el traslado de la Archicofradía a un nuevo edificio exprofeso. La nueva construcción, consagrada como "Templo Rectoral" el 4 de junio de 1988, por el Arzobispo de Madrid, D. ¦ngel Suquía, planteó un nuevo período para la vida de la Archicofradía, ya que frente a los exiguos locales que disfrutaba en la iglesia de Santo Domingo, se disponía de un nuevo edificio, donde a los espacios propios de culto a sus titulares, se lograron unir las áreas de conservación-exposición de su patrimonio artístico y aquéllas que se destinaron a administración y archivo, así como a su activa vida sociocultural. El templo, que se ha calificado como de estilo "neopopular", es obra de los arquitectos Clemente Rodríguez Grajales y Juan Luis Martín Malavé, que lo proyectaron como un gran espacio basilical, con cabecera semicircular, en laque destaca el presbiterio elevado y un amplio estrado para el culto de sus titulares. Este gran espacio se encuentra cubierto por una bóveda, dispuesta sobre unos sólidos arcos fajones, cuyos tramos han sido decorados por el pintor almeriense García Ibáñez, obra realizada entre 1991 y 1993. Tanto la decoración pictórica de la bóveda, como la decoración cerámica del exterior del templo, obra de Julio Hernández, realizada en los alfares de Casaberrneja entre 1990 y 1991, han gozado del agrado de público y cofrades. El resto de los locales anexos a la iglesia, también en un estilo marcadamente popular, se desarrollan entre la gran nave del templo y el diáfano espacio dedicado a museo, unidos por un patio de marcado gusto andaluz, desde el que se da acceso al último. El museo emplea la zona reservada a la instalación de los tronos procesionales, que traduce en construcción permanente los antiguos "tinglados" efímeros y callejeros, espacio de uso muy puntual que quedaba abandonado el resto del año. Esta construcción, obra del arquitecto Fernando Moreno, está compuesta por un gran espacio único y flexible, de planta rectangular, que ocupa dos alturas para poder montar y sacar los tronos procesionales el día de Jueves Santo, articulando una planta baja y una planta alta, formada esta última por una estructura en voladizo que recorre los muros de la gran sala, en tres de sus lados. Ambas plantas se han utilizado como museo, donde en vitrinas anexas a los muros se expone el ajuar procesional de la Real Archicofradía, así como la presencia inexcusable de ambos tronos procesionales y el magnífico mural de Rodríguez-Acosta, trasladado al museo desde el antiguo camarín de Santo Domingo. La colección se encuentra compuesta por los enseres procesionales, objetos de culto y ajuar de la Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno y María Santísima de la Esperanza, así como por los tronos procesionales de ambos titulares, con una presencia rotunda de estos en el centro de la principal unidad de exposición permanente (planta baja). El destinado a Ntro. Padre del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, es obra de Palma Burgos, realizado en madera sobredorada y policromada, según diseño del arquitecto Fernando Guerrero Strachan de 1941, y el destinado a María Santísima de la Esperanza, es obra del taller del escultor malagueño Andrés Cabello, realizado entre 1940 y 1949. El resto de los fondos están expuestos en vitrinas adosadas a las paredes, ocupando todo el espacio desde el techo a la cubierta. Además, podemos contemplar desde el piso inferior o accediendo a la segunda planta, el magnífico fresco realizado por el pintor Rodríguez-Acosta, en los años sesenta, transferido a lienzo en 1993, y adaptado a los nuevos locales de exposición. Dentro del nutrido grupo de objetos que podemos contemplar, destacan las imágenes del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, obra de Mariano Benlliure y Gil, fechada entre 1934 y 1935, en madera policromada, que presenta a Cristo erguido con la cruz a cuestas, disponiendo uno de sus brazos articulado con el fin de dar la bendición en la Plaza de la Constitución, en la noche del Jueves Santo; y la de María Santísima de la Esperanza, talla anónima del siglo XVII, realizada en madera de cedro policromado. De la talla original de esta última sólo queda la cabeza, salvada en 1931, restaurada por Adrián Risueño en 1938 y completada con cuello anatomizado y manos semicerradas, por el escultor Luis ¦lvarez Duarte, en 1970. Destaca, por ser imagen dolorosa de vestir, su gran colección de sayas, de diversos colores, algunas de ellas expuestas en el museo, aunque su indumentaria tradicional es en colores blanco y verde. Ambas imágenes se encuentran expuestas en la iglesia. Otra obra excepcional es la Corona de María Santísima de la Esperanza obra de los talleres de orfebrería sevillanos de Villarreal, realizada entre 1962 y 1963 en plata de ley sobredorada con engarces de marfil, esmeraldas, brillantes y perlas. La estructura. de "canastilla", está orlada de ángeles y medallones, donde se representan los misterios del Rosado. Se expone en raras ocasiones, pues es la elegida por las camareras de la Virgen para el ornato habitual de ésta. Los nuevos estandartes de los titulares de la Archicofradía, están centrados por pinturas de Francisco Hernández (1992), el del Cristo, y de Félix Revello de Toro (1992), el de la Virgen, también en las vitrinas de la planta baja del museo, De sus enseres procesionales destacan los dos pares de paños de bocina, bordado uno por Manuel Elena Caro y otro por el taller de los sobrinos de José Caro, en Sevilla, realizado el primero entre 1970 y 1971, y el segundo entre 1982 y 1984. Sobre terciopelo morado los del Cristo y verde los de la Virgen, están bordados en plata, sedas policromadas e hilos de oro, con engarces de marfil en representación de ángeles. Estas piezas se pueden ver en la primera planta del museo. Por último, destacar el fresco de Miguel Rodríguez-Acosta Calstróm, el "Retablo de la Pasión", fechado entre 1961 y 1962. Pintura mural en óleo y temple sobre estuco, trasladado a lienzo en 1993, representando la Pasión según San Juan, destinado al camarín de María Santísima de la Esperanza en el convento de Santo Domingo. Se expone en la segunda planta, pero puede verse desde la primera en su conjunto y apreciarla en todo su detalle en la planta alta. |