| El Arco de los Gigantes es uno de los primeros museos públicos de nuestro país, al tratarse de una construcción civil dentro del entramado urbano de Antequera, en la que se procedió a la exposición de restos epigráficos romanos aparecidos en la zona. El Arco de los Gigantes, edificación de 1585, se construyó como paso de acceso a través de la muralla árabe en la parte más elevada y antigua de la ciudad, a la Colegiata de Santa María. El siglo XVI supone para Andalucía la aparición y desarrollo de una actividad arqueológica inusitada, con la proliferación de hallazgos en los tradicionales asentamientos históricos de Montoro, Ronda, Antequera, Porcuna, Castro del Río, etc., lo que permitirá el nacimiento de un coleccionismo de antigüedades y restos arquitectónicos, que se encuentra en la base de las más importantes colecciones y museos del país. La Construcción del Arco de los Gigantes, se singulariza porque los amantes, coleccionistas e investigadores de Arqueología disponen los restos encontrados como símbolos de la antigüedad y honorabilidad de sus ciudades, como blasón que demuestra la grandeza histórica de la población, y como señales inequívocas de una pasado glorioso que sus habitantes deben conocer y disfrutar. La colección reunida en la ciudad por D. Juan Porcel, inserta en la edificación que se dedicó a Felipe II, supuso además una práctica de custodia y salvaguarda de restos arqueológicos, cuyo ejemplo cundió por toda Andalucía, donde numerosos ayuntamientos, iglesias y ermitas intestaron en sus fachadas antigüedades aparecidas en sus inmediaciones, permitiendo en muchos casos la pervivencia de estos restos hasta la actualidad. El Arco de los Gigantes es una construcción típica del siglo XVI, ejemplo de la ruptura de la ciudad murada medieval, y el advenimiento de la ciudad renacentista, abierta y en contacto con su periferia y el mundo exterior. Una urbe donde las murallas se convierten en un elemento urbano que va quedando obsoleto por la propia extensión de sus poblaciones, y que cada vez más, necesitará abrir en sus lienzos accesos a la zona histórica de la ciudad. Uno de esos nuevos accesos en la muralla antigua de Antequera será el Arco de los Gigantes. Intestados en sus muros se colocaron los restos epigráficos romanos, formando parte del mobiliario urbano de Antequera, dentro de un programa constructivo donde se aunaron el prestigio de la propia urbe con el nombre de uno de los monarcas españoles de mayor peso político en la Europa del momento. El arco, con estructura característica de la arquitectura civil renacentista española, sencilla pero indudablemente noble, de perfiles limpios, enmarca adecuadamente el acceso a la Colegiata de Santa María, siendo en su conjunto uno de los marcos artísticos más bellos de toda la ciudad. Según los estudios de Jesús Romero Benítez, la traza del Arco de los Gigantes es obra del arquitecto Francisco de Azurriola, encargándose de su construcción a pie de obra el maestro alarife de la ciudad, Francisco Gutiérrez. El actual Arco de los Gigantes guarda muy poco parentesco con su primitiva fisonomía. La presencia de restos epigráficos encastrados en sus muros debió ser mayor, así como su remate, mucho más complejo que el actual, pues la denominación de Puerta de Hércules estuvo relacionada con la ubicación en su cornisamento de una gran hornacina que cobijaba una estatua romana de Hércules, restaurada en el siglo XVI para ocupar este espacio, flanqueada a ambos lados por un atleta. Durante el siglo pasada adquiere su aspecto actual: un jarro de azucenas en la clave del arco de medio punto, y un león y un castillo en los remates de su cornisamento adintelado, tomados como los símbolos en el escudo de la ciudad. La colección está formada por veintidós lápidas romanas cuyos originales se encuentran en el Museo Municipal de la ciudad. Las condiciones medioambientales y de protección del patrimonio dentro de la trama urbana en la actualidad, aconsejan su sustitución por reproducciones, y la tutela y conservación de los originales en instituciones más adecuadas, donde además se les puede dotar de una difusión pública más efectiva. En dichas lápidas, destacaban las inscripciones relacionadas con la historia de Antequera, como la que declaraba la prédica del apóstol Santiago en Anticaria, donde convirtió al cristianismo a los pontífices de los césares romanos. Cornelio Próculo y Cornelio Baso , según la descripción de Juan Antonio Estrada, en su obra Población General de España, sus Reynos y Provincias, ciudades, villas y pueblos, islas adjacentes y presidios de ¦frica (Madrid, 1768). Como "museo" renacentista, su difusión pública tuvo que ser limitada, ya que para la población no ilustrada el significado de aquellas "antiguallas" no llegaría a ser conocido ni comprendido en su totalidad. |