| 2.2. Tradición y búsqueda del tesoro |
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Es antigua la tradición oral y escrita que recoge la existencia de un tesoro
escondido durante la época árabe en la Cueva del Higuerón.
Esta tradición ya se refleja en la obra de Fray Antonio Agustín de
Milla y Suazo (Siglo XVII).
Según D. Manuel Laza, este tesoro fue mandado esconder por el emperador de los almorávides
Tasufín ibn Alí en el siglo XII. Para ello se basa en algunos
hallazgos y en el análisis de las fuentes de la época árabe
en España.
El tesoro ha tenido diversos buscadores en los tres últimos siglos. Medina
Conde nos relata una expedición a la cueva en pleno siglo XVII por 17
personas que, tras presenciar diversos hechos mágicos y maravillosos,
salieron de la cueva con mucho miedo.
En la primera mitad del siglo XIX un suizo, Antonio de la Nari, pasó varios años
buscando el tesoro. A partir de entonces la cueva pasó a llamarse del
Suizo. Este utilizó la pólvora para abrir nuevas galerías y
fue el descubridor de una parte de la cueva que estaba taponada y oculta desde
hacía siglos. El Suizo murió en 1847 víctima de una de sus
explosiones provocadas en la cueva. Existe la tradición en la zona de que
todavía se aparece como espectro para buscar el tesoro. D. Manuel Laza ha
sido el último buscador del tesoro durante 38 años. Hasta el último
momento de su vida D. Manuel creyó en la existencia del tesoro y los
hallazgos que relaciona con el mismo son los siguientes:
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Hallazgo en el siglo XVIII de una porción de granates (Según el relato de Medina
Conde).
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Aparición en las cercanías de un tesorillo de 6 monedas almorávides de oro de
la época de Yusuf ibn Tasufín. Tanto este hallazgo como los
siguientes son de la época de D. Manuel Laza.
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La rotura y desaparición de los niveles arqueológicos normales en toda gruta
prehistórica en la parte del centro en una de las salas de la Cueva (Sala
de la Virgen). Esta zona estaba constituida, cuando se excavó, por tierra
removida con mezcla de cerámicas neolíticas, objetos de sílex,
huesos humanos, etc. El resto de la sala sí conservaba intactos sus
estratos normales.
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Hallazgo de tres puertas o torcas que daban a la misma sala de la cueva y
que habían sido taponadas de forma artificial con grandes piedras. Al quitar
estas piedras aparecieron con ellas restos de cerámica árabe vidriada similar a
la aparecida en la cercana ciudad árabe de Bezmiliana.
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En la misma sala se encontró una sima llena de grandes piedras y barro. La
posición de estos materiales hacía pensar que se trataba de un relleno
artificial muy antiguo.
Estos hallazgos y otros posteriores hicieron creer a D. Manuel Laza que se encontraba
cada vez más cerca del tesoro y que siguiendo la investigación
alguien lo encontrará alguna vez.
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