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Entre la serranía de Ronda, la Costa del Sol y el campo de Gibraltar se sitúa, un paisaje de rocas rojas hendidas por profundas gargantas en Sierra Bermeja. En él se refugian los bosquetes y rodales de pinos que han sobrevivido a los incendios y por sus umbrías trepan hasta la cima para unirse en Los Reales (1.440 m.) , a la avanzadilla de los pinsapos de la Serranía. Más al oeste el paisaje serrano se convierte en atalaya de calizas en Sierra Crestellina para vigilar desde su cima la entrada al valle rondeño del Genal. Allí entre tajos y cresterías vive una de las colonias de buitre leonado de la Península. Unas aves que con casi dos m. de envergadura atraviesan diariamente el cielo de Casares desde Crestellina a la Utrera, añadiendo con su majestuoso planeo un atractivo más al paisaje. La Utrera es una pequeña sierra coronada por las formas kársticas típicas del Torcal de Antequera, pero de menores dimensiones, situada al sur del municipio; al pie de la profunda hendidura que la divide en dos (Canuto de la Utrera) se encuentra un paraje casi desconocido en el que la historia se da cita con el paisaje en los Baños Romanos de la Hedionda. En la mitad occidental del municipio, el valle del Guadiaro es el gran protagonista después de haber recogido a su afluente el Genal. Su recorrido divagante por la llanura de aluvión está acompañado de huertas que se extienden hasta su salida al mar, ya por tierras gaditanas. Entre estas huertas y las sierras, el paisaje se abre en suaves colinas cubiertas de campos de cereal y dehesas que son un claro presagio del Campo de Gibraltar. Y en medio de todos estos paisajes, la población de Casares medio escondida entre las estribaciones de la sierra se extiende por las laderas de una gran peña coronada por la historia con los restos de un castillo ofrece al paisaje uno de los pueblos más bellos de la provincia.
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