| 2.11.1. Viernes de Dolores |
 |
|
|
|
|
La Semana Santa, que comienza el Domingo de Ramos, encuentra su
antesala y preámbulo en el viernes de la Semana de Pasión,
popularmente conocido como Viernes de Dolores en razón de que antes
de la reforma litúrgica operada por el Concilio Vaticano II era en
dicha jornada cuando la Iglesia celebraba la festividad de los
Dolores de la Virgen, conmemoración ahora fijada en cada 15 de
septiembre.
El Viernes de Dolores ha sido tradicionalmente para las cofradías un
día de intensa actividad cultual en los templos, si bien desde hace
unos años dicha jornada ha venido a convertirse en fecha idónea para
las procesiones de hermandades incipientes cuyos cortejos aún no han
sido incorporados al contexto de la "Semana Santa oficial".
Con todo, estas comitivas, que recorren tan sólo las calles de las
feligresías en las que se hallan incardinadas las nuevas hermandades,
son verdaderas procesiones de penitencia en tanto en cuanto los
cofrades visten túnicas nazarenas y las imágenes titulares son
portadas en andas o pequeños tronos no por modestos menos dignos.
Son los casos de la hermandad de la Santa Cruz y Nuestra Señora de
los Dolores en su Amparo y Misericordia, cuyo austero cortejo de
negros penitentes sale desde la añeja parroquia de San Felipe Neri
para recorrer las calles del barrio del Molinillo, o de la comisión
organizadora de la que acaso pueda ser aprobada canónicamente como
hermandad del Cristo de la Caridad y Nuestra Madre de los Dolores,
Mediadora de la Salvación, la cual, desde la parroquia de San
Antonio de Padua, procesiona una dolorosa por la barriada de
Portada Alta.
Del mismo modo, también en el extrarradio de la ciudad, concretamente
en el barrio del Puerto de la Torre, es procesionada en esta jornada
desde su ermita la Virgen de los Dolores, Patrona de las
malagueñísimas pandas de verdiales.
Pero al margen de las mencionadas procesiones, la jornada del
Viernes de Dolores encuentra sus manifestaciones de más raigambre
y tradición en los cultos que celebran algunas señeras hermandades.
Destaca sobremanera la solemnísima función con que en la céntrica
parroquia de San Juan Bautista finaliza su septenario la
Archicofradía Sacramental del Cristo de la Redención y Nuestra
Señora de los Dolores. Este culto, en cuyo transcurso pueden
paladearse las notas de la polifonía clásica, el canto gregoriano
y la música instrumental de capilla, cuenta con más de tres siglos
de tradición ininterrumpida, lo que lo convierte en el más antiguo
de entre los muchos que consagran las cofradías durante el tiempo de
Cuaresma. Digno de contemplarse resulta el fúnebre y sobrecogedor
traslado de la imagen del Cristo de la Redención desde su capilla al
trono procesional.
Del mismo modo, entre otras, también resultan emocionantes las
funciones consagradas a sus correspondientes imágenes dolorosas y
en sus respectivos templos de San Felipe Neri y Santo Domingo de
Guzmán por la Orden Tercera de Siervos de María y la Cofradía del
Santísimo Cristo del Perdón y Nuestra Señora de los Dolores, al
igual que sorprende y enternece el devoto besapiés en que,
despojada de su túnica, es expuesta la imagen de Jesús de la
Misericordia en su marinera parroquia del Carmen.
Asimismo, resulta clásica ya la pequeña y sencilla procesión
que desde la parroquia de San Pedro organiza llegada la noche del
Viernes de Dolores la Cofradía del Cristo de la Expiración y María
Santísima de los Dolores Coronada mediante la cual ambas imágenes
son trasladadas desde sus capillas al museo de la corporación en
donde las esperan sus respectivos tronos procesionales. Dicho
cortejo merece ser contemplado al discurrir por entre las viejas
callejas supervivientes del que un día fuera bullicioso barrio de
El Perchel.
 |
Ver también en la provincia |
 |
|
|
|
 |
|
 |
|
|