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| 2.11.3. Lunes Santo |
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Aún no ha terminado de despuntar el alba del Lunes Santo cuando miles
de malagueños se agrupan dentro y alrededor de la parroquia de San Pablo
para participar en el traslado de las imágenes de la Cofradía de
Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad desde su
capilla a sus tronos procesionales, sitos en la cercana casa museo de la
corporación.
No es éste un traslado de imágenes cualquiera, sino "el
traslado" por antonomasia. El otrora populoso y típico barrio de La
Trinidad, hoy en interminable y dolorosa fase de remodelación urbanística,
ve regresar el Lunes Santo hasta sus calles malheridas a su antigua vecindad con
sus hijos y nietos, muchos de los cuales nunca fueron trinitarios por domicilio,
sino que lo son por vocación y opción, por sentimiento de
consaguinidad con la vieja cruz que trazan en el alma de la Málaga honda
las calles Trinidad y Jaboneros. Y amanece el Lunes Santo y vienen de Miraflores
de los Angeles, de La Palmilla, del Camino de Suárez, del Camino de
Antequera.
Van a la "misa de alba" para buscar al Cristo que les devuelve sus
raíces, les regenera sus recuerdos y les devuelve el orgullo de ser
trinitarios. Como en un éxodo inverso, caminan estas miles y miles de
personas por separado hasta el templo para allí, nada más salir
las imágenes, fundirse todas en una masa compacta y fervorosa, emocionada
y emotiva, que buscando a Dios se encuentra a sí misma y a cuanto fue
suyo más que de nadie.
Luego, por la noche, cuando ya la procesión de la Cofradía de "El
Cautivo" parte en cortejo de blancos nazarenos, serán más de
30.000 personas, trinitarias y no trinitarias, las que formen la impresionante "promesa"
que marcha tras del Señor. Sólo cada cual conoce sus motivos, pero
lo cierto es que esa masiva manifestación de religiosidad popular
sobrecoge. Cuando la comitiva sale del barrio de La Trinidad, cruza el puente de
la Aurora y entra en el centro de la urbe es como si las clases populares
tomaran la ciudad. El tránsito de Jesús Cautivo por el "recorrido
oficial" no es ya que resulte triunfal, es que la ciudad entera se rinde a
El y a su gente, a esa "promesa" inacabable que, como una pleamar de
fe, todo lo inunda y lo envuelve.
Sin embargo, en la noche del Lunes Santo hay otra imagen de Cristo que
arrastra tras de sí no ya las raíces de un barrio, sino el espíritu
de una raza. La Hermandad de Jesús de la Columna y María Santísima
de la O, la cofradía de "Los Gitanos", cincelada a golpes de fe
a golpes de fe sencilla sobre el yunque de una historia de pueblo lacerado,
sale con su cortejo alegre y algo heterodoxo desde la calle Frailes. El
paso de la comitiva es inolvidable al llegar a la "Tribuna de los
Pobres", pero será en su encierro, cuando suenen y vuelvan a sonar
repetidamente la seguiriya y el martinete y cuando sea vitoreado el
"Manué" hasta desgañitar gargantas, cuando la cofradía y sus
fieles alcancen el éxtasis.
Para entonces, el cortejo de la Hermandad de Jesús de la Pasión
y María Santísima del Amor Doloroso, acaso el más
clasicista de cuantos procesionan en esta jornada, ya habrá regresado a
su templo de los Santos Mártires.
Antes habrá realizado estación en la Catedral componiendo una
de las más bellas estampas del día, si bien es preciso contemplar
su salida para comprobar hasta dónde puede llegar la precisión de
capataces y hombres de trono a la hora de conseguir que un palio venza al arco
de medio punto de una portada de piedra.
Y desde muy cerca, desde la mismísima Plaza de la Constitución,
la comitiva vistosa de la Cofradía del Cristo Coronado de Espinas y María
Santísima de Gracia y Esperanza, la hermandad de "Los Estudiantes",
también se abre en la tarde del Lunes Santo a la ciudad toda para que sus
gentes la admiren y se entusiasmen. Pioneros en la incorporación de jóvenes
hermanos a los varales de los tronos, los estudiantes portan a sus imágenes
titulares entonando repetidamente el himno universitario "Gaudeamus igitur",
componiendo una escena que alcanza su máximo esplendor a su paso por el "recorrido
oficial" y en su estación en la Plaza del Obispo, en donde el
prelado diocesano se dirige a los jóvenes para alentar su fe.
Joven pero entusiasta, la Hermandad del Cristo del Perdón y Nuestra
Señora de los Dolores abre también en la tarde de esta jornada
surcos de fe por entre las calles ajadas del que fuera barrio de El Perchel. La
dolorosa de esta cofradía, bellísima en su trance amargo, es muy
popular por recibir culto en una capilla abierta al exterior de su templo de
Santo Domingo y situada frente al puente de los Alemanes. El cortejo de la
hermandad resulta impactante en su estación en la Catedral y a su paso
por las calles Comedias y Nosquera.
Más bisoña por su reciente fundación, la Hermandad del
Cristo de la Crucifixión y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su
Soledad también descenderá el Lunes Santo desde el cerro de El
Ejido para desde su parroquia del Buen Pastor enamorar a todos los malagueños.
Bella y especialmente emocionante es su estación en la Basílica
Mayor de la capital así como su tránsito difícil por las
calles Dos Aceras y Carrión.
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