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| 2.11.5. Miércoles Santo |
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Con el Miércoles Santo la Semana Mayor llega a su ecuador. En Málaga,
lejos de ser ésta una jornada de transición hacia las grandes
solemnidades religiosas del Triduo Sacro, la tarde de este día se erige
en nuestra capital como una de las más brillantes de todo el ciclo
procesional por la historia, la tradición y los valores artísticos
y devocionales que atesoran las seis cofradías que realizan sus salidas.
Las dos hermandades penitenciales más antiguas, popularmente conocidas
como "Fusionadas" y "La Sangre", procesionan en este día,
así como la que quizá posea el más completo ajuar de
insignias y enseres, "La Expiración", y la que atesora la más
bella tradición, la de liberar un preso, privilegio que recae en la
cofradía de "El Rico".
Ciertamente, después de la vida, es la libertad el bien más
preciado y precioso con que puede contar un ser humano. Y no pequeño
privilegio es para una hermandad que, desde el siglo XVIII, su imagen de Cristo
posea la prerrogativa de devolver la libertad a un penado en el transcurso de su
procesión. Así ocurre con la Cofradía de Jesús
Nazareno titulado "El Rico" y María Santísima del Amor,
cuya efigie del Señor, por designio del monarca Carlos III, ejercita tal
facultad de indultar a un preso en la tarde del Miércoles Santo. El
instante de la liberación del recluso, que tiene lugar mediada la tarde y
en la calle Alcazabilla, a las puertas del Palacio de la Aduana, es sin duda una
de las cumbres emotivas de la Semana Santa malagueña. Tras recibir la
bendición del Nazareno, que a tal fin cuenta con su brazo derecho
articulado, el ya exconvicto se incorpora a un cortejo procesional que
protagoniza escenas de singular belleza ante el lienzo pétreo de la
Catedral o a su regreso, ya de madrugada, en las inmediaciones de la parroquia
de Santiago Apóstol.
Previamente, antes incluso de que la tradición de la libertad se haya
visto reeditada, habrá sido el austero cortejo de la Hermandad Salesiana
del Cristo de las Penas y María Santísima del Auxilio el que,
desde la Plaza de Capuchinos, se abra a la ciudad bajando la enjuta pendiente de
la calle Dos Aceras para embocar la Plaza del Teatro y dirigirse a cumplir su
estación de penitencia en la Catedral. Seria y austera, esta procesión
pone la nota de rigor en el Miércoles Santo.
Mientras, larga y variada, serena y sorprendente, la comitiva de las Reales
Cofradías Fusionadas de Jesús de Azotes y Columna, el Cristo de la
Exaltación, el Cristo de Animas de Ciegos y Nuestra Señora del
Mayor Dolor, se abrirá camino por entre las barreduelas de la vieja y céntrica
feligresía de San Juan Bautista. Es ésta una procesión en
la que impera el color de la variedad de hábitos nazarenos tanto como los
contrastes entre los cuatro tronos, todos muy diferentes entre sí.
Emociona el tránsito de esta antiquísima hermandad por las plazas
de Félix Sáenz y Puerta del Mar.
Más espectacular, si cabe, resulta aún el cortejo de la
Hermandad de Jesús de la Puente del Cedrón y María Santísima
de la Paloma, corporación vinculada al Ayuntamiento de Madrid, cuyo
primer edil acostumbra a presidir la comitiva desde su salida del templo erigido
en la romántica Plaza de San Francisco. El primero de los tronos de esta
hermandad es sin duda uno de los mejores pasos de misterio de cuantos se
procesionan en Málaga tanto por la plasticidad de las imágenes
como por la calidad de las doradas tallas barrocas del cajillo. Asimismo, el
trono de la Virgen es un genuino representante de los gustos artísticos
de la Málaga cofrade de postguerra. Su enorme tamaño y su
espectacularidad así lo avalan sobradamente, máxime cuando
transita por la aguda estrechez de la calle San Francisco o cuando triunfa
airoso al desfilar por la Alameda o la calle Larios.
No menos voluminoso ni refulgente es el paso del Cristo de la Sangre, cuyo
trono de reciente y barroquísima factura compite en dimensiones con el de
la Sagrada Cena. Su Archicofradía, acaso la hermandad penitencial más
vetusta de la capital malacitana, procesiona también a María Santísima
de Consolación y Lágrimas, bella dolorosa que marcha bajo un palio
de terciopelo malva bordado en oro que pasa por ser el más antiguo de los
existentes en Málaga. Esta Archicofradía, cuyo cortejo luce de
manera especial en Carretería una vez superada la difícil salida
desde su casa de hermandad sita en la calle Dos Aceras, posee desde la década
de los años veinte el privilegio de que el Pendón Morado de
Castilla figure en su cortejo debidamente escoltado por fuerzas militares.
Mas si de cortejos procesionales hemos de hablar, quizá el más
completo de todos los malagueños sea el concerniente a la Cofradía
del Cristo de la Expiración y María Santísima de los
Dolores Coronada. El formidable ajuar de insignias y enseres de la corporación
tanto como la valía artística de sus imágenes titulares y
de sus tronos confieren a esta cofradía la cualidad de excepcional.
Cuando ya la madrugada bordea el filo del Jueves Santo, "La Expiración"
sale a la calle desde su museo anejo a la parroquia de San Pedro para encandilar
a los malagueños. La austera belleza del trono del Crucificado y la
catedral andante de platas cinceladas y voluptuosos bordados que es el trono de
esta dolorosa coronada canónicamente, así como el sobrio acompañamiento
de la Guardia Civil, instituto vinculado a la cofradía desde hace medio
siglo, son motivos más que sobrados para que la contemplación de
esta procesión sobrecoja en cualquier punto de su recorrido.
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