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Semana Santa
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  2.1. Rito, signo y fiesta
Málaga capital La ciudad, escenario   6 de 83    Málaga capital Índice
Jesús Cautivo

Es el advenimiento de la primera luna llena de primavera el que determina cada año la fecha de las celebraciones de la Semana Santa. La liturgia cristiana toma su referencia de la Pascua judía durante cuyas jornadas tuvo lugar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. El drama y la glorificación del Hijo de Dios hecho hombre acaeció pues durante un período ritual que hoy, con un sentido diferente pero igualmente ritualista, se reproduce año tras año en el mundo entero.

El ritual, convertido ya en signo religioso en su raíz y en su desarrollo, no obstante, al extenderse durante los siglos por tierras muy diversas, ha ido tomando en su celebración formas peculiares y directamente creadas por cada pueblo. Así, aunque los ritos litúrgicos oficiales que se desarrollan en el interior de los templos es uniforme en todo el orbe católico, las celebraciones populares y callejeras que rodean a aquellos son tan diversas como ricas en folclore. Y si en la mayor parte de España, del sur de Italia y de gran parte de Hispanoamérica son las procesiones penitenciales las celebraciones populares más importantes que se desarrollan con motivo de la Semana Santa, es especialmente en Andalucía, y dentro de ella en Málaga, donde tales procesiones alcanzan mayores cotas de espectacularidad.

Sillas en calle Carretería

Ello es así porque nuestras procesiones, organizadas por las hermandades y cofradías desde hace cinco siglos, han trascendido su indudable contenido religioso para asumir además otras significaciones simbólicas que ímplicitamente las convierten en signos festivos a través de los que se transmiten de generación en generación valores de identidad grupal y de autorreconocimiento colectivo, al tiempo que manifiestan expresiones emotivas y culturales ligadas al arte y, en suma, engendradas por lo que podríamos denominar, en su más extensiva interpretación conceptual, el espíritu del pueblo.

Las procesiones de Semana Santa en Andalucía, y singularmente en Málaga y su provincia, según lo expuesto, se erigen así en un medio para la expresión de la cultura y los sentimientos del pueblo en el que los rituales son canales adecuados para el establecimiento de relaciones tan complejas de analizar pero tan obvias de apreciar como las relativas a las existentes entre los ciudadanos, los fieles, y Dios y, simultáneamente, entre esos mismos ciudadanos y sus vecinos y, en última instancia, entre tales ciudadanos y los visitantes foráneos.

Son muchos los municipios malagueños, especialmente la capital, que de las procesiones de Semana Santa han hecho una verdadera fiesta, su gran fiesta anual en sentido antropológico. Una fiesta rigurosamente ritualizada en cuanto a los papeles que juegan imágenes titulares, integrantes de los cortejos y espectadores, con unos escenarios urbanos predeterminados y con una escenografía depurada a lo largo de siglos. Todo un ritual, esperado por la mayoría de la población y preparado durante todo el año por los cofrades, que tiende a alcanzar en unos momentos y lugares concretos lo que sin ambages puede denominarse la catarsis colectiva en su doble significado de purificación que produce la contemplación de la tragedia en el espectador y de sentimiento de éxtasis de masas.

Niños hebreos de La Pollinica

Tan intensa es la idea de fiesta popular aplicada a la Semana Mayor entre los malagueños, que el concepto de tiempo litúrgico que corresponde a las palabras "Semana Santa" ha dejado paso al significado de procesiones. Y la fuerza de esta idea generalizada se basa no sólo en el aspecto festivo y al tiempo dramático de tales cortejos, sino muy principalmente en que se trata de una fiesta popular que encuentra escenarios en todos los barrios históricos, que es gratuita y que es plural, interclasista y abierta.

Cada barrio histórico posee una o varias cofradías a través de las cuales se articula buena parte de la vida social de la vecindad y mediante cuya procesión se reafirman las connotaciones singulares de dicho barrio. Así, junto a la motivación devocional y religiosa, que es la principal y explícita, coexisten otras motivaciones ímplicitas que impulsan a los ciudadanos a ingresar en las cofradías. Son razones como la tradición familiar, la necesidad de relacionarse socialmente o el ansia instintiva de toda persona de pertenecer y sentirse incardinado en un concreto grupo.

Cortejo de la Virgen de la Salud

Este deseo de pertenencia a las cofradías, tan libre y voluntario como intuitivo, es sin duda el factor que ha impulsado el extraordinario y dilatado desarrollo de tales asociaciones en una ciudad de tan escasa vertebración social como Málaga. No en vano, las casi 40 hermandades existentes en la capital malagueña aglutinan en la actualidad a más de 75.000 cofrades y son, con muchísima diferencia sobre asociaciones de vecinos, clubes deportivos, partidos políticos o peñas recreativas, las entidades con mayor número de miembros.La Semana Santa malagueña, mediante sus cofradías y sus procesiones, es así el cauce idóneo del ritual colectivo, el símbolo de la fe religiosa y la identidad grupal de la ciudad, y, al unísono, el eje sobre el que gira una parte importante de la vida cotidiana de sus habitantes, para muchos de los cuales el año se divide en antes y después de la Semana Santa.


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