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  2.10. Obras de arte
Altares en movimiento Málaga día a día   15 de 83    Málaga capital Índice
Ntra. Sra. de la Soledad - Mena

Las imágenes titulares son el centro de las cofradías. Los hombres y mujeres, los cofrades, pasan de largo por muy meritorios y brillantes que hayan sido sus logros, pero las imágenes permanecen y son las que realmente protagonizan a lo largo de los siglos la vida de cada hermandad.

Hubo, allende los siglos, cofradías medievales sin imágenes titulares concretas, pero conforme avanzó el tiempo y se fue desarrollando el concepto de hermandad en España, y muy especialmente en Andalucía, las efigies sagradas aparecieron y se erigieron en el objeto de veneración que hoy conocemos y cuyo fin último es acercar a los hombres a Cristo y su Madre.

Jesús del Sto. Sepulcro

La Iglesia, que desde sus primeros tiempos ha defendido la exposición pública de imágenes al culto como medio para facilitar y canalizar la oración, auspició con singular encomio la producción de efigies sagradas durante los siglos XVI y XVII. La Contrarreforma, es decir el espíritu del Concilio de Trento fue propagado por los predicadores fructificando extraordinariamente en Andalucía. En tal movimiento se incardinaron las cofradías para adoptar la forma con que hoy las conocemos.

Los más grandes escultores españoles de todos los tiempos encontraron su época entre los mencionados siglos XVI, XVII y XVIII y, así, a caballo entre los estilos renacentista, manierista y barroco, dos ciudades andaluzas, Sevilla y Granada, acogieron las escuelas escultóricas que llevan sus nombres y cuyo magisterio aún perdura hoy plenamente en el llamado neobarroco andaluz.

Jesús amarrado en la Columna

Málaga y con ella sus cofradías, más cercanas geográficamente a la capital de la Alhambra, inscribieron inicialmente a sus artistas en la Escuela Granadina o bien importaron directamente de dicha capital o de Antequera sus principales obras.

Mucho más tarde, en la postguerra y tras los dramáticos sucesos de los años treinta de este siglo que desembocaron en la destrucción de la práctica totalidad del patrimonio artístico y devocional de las hermandades, se repetiría el proceso de contratación de la hechura de imágenes a artistas granadinos, si bien desde los años setenta es la Escuela Sevillana la que concita la casi totalidad de los nuevos encargos de imágenes para las cofradías malagueñas.

Madera y policromía son los ingredientes que la imaginería barroca andaluza utiliza no ya para crear obras de arte de altísimo valor, sino, lo que es mucho más importante, para dotar a las cofradías y con ellas al pueblo de auténticos objetos de devoción mediante los que los fieles se comunican con Cristo y su Madre. Los andaluces saben que las imágenes no son dioses en sí mismas, sino retratos de Dios Hijo, de la Virgen María o de los santos.

Nazareno de Viñeros

Es precisamente por esa necesidad de ser vehículos de oración, que las imágenes titulares de las cofradías no sólo han de ser esculturas de bella factura, sino que, además, han de ser capaces de sobrecoger y emocionar al fiel. Por eso todo imaginero es escultor, mientras que no todo escultor puede ser imaginero. El imaginero no sólo no es un escultor de menor altura artística que los dedicados a otro tipo de obras, sino que, muy por el contrario, es un escultor que ha de añadir a la calidad formal de sus obras la apariencia de vida, el latido humano y el halo de divinidad o santidad. Por todo ello el imaginero ha de agregar a su aprendizaje académico y al conocimiento de su oficio un hondo sentido devocional, una fuerte experiencia religiosa y un buen conocimiento de la teología y simbología cristiana. Sólo así el imaginero puede conseguir que una escultura trascienda a la obra de arte y cobre personalidad como retrato hasta el punto de que los fieles la tengan por objeto de veneración.

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