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Semana Santa
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  2.2. La ciudad, escenario
Rito, signo y fiesta Participantes y Espectadores   7 de 83    Málaga capital Índice
Cortejo de El Rescate

La ciudad es el lienzo sobre el que los cofrades dibujan la sinfonía plástica de las procesiones. Pero la ciudad no es un lienzo blanco, sino que sus calles, sus plazas, sus jardines, sus edificios y sus trozos de cielo delimitan un trazado que cambia con los años y al que sucesivamente han debido adaptarse los cortejos para que los tronos y las sierpes de nazarenos y músicos que preceden a éstos discurran con franquía.

Sin embargo, tratándose de la Semana Santa, también el lienzo, la calle, se amolda a las procesiones. Aceras que se estrechan, rampas que surgen, anuncios luminosos que se pliegan, tribunas que emergen, balcones que se engalanan y, sobre todo, automóviles que desaparecen del centro y los barrios históricos en un tributo anual que la tradición hace pagar a la modernidad. Pocas sensaciones tan plácidas como ese silencio inusual que las tardes de Semana Santa, servida la sobremesa, se cuela por las ventanas desde la calle. Ese silencio sólo turbado por el murmullo de gentes que van y que vienen, que charlan y que ríen, que viven intensamente mientras un rumor lejano de tambores va creciendo en el antepecho de la ventana hasta licuar el aire en incienso sobre la vieja mesa del comedor de la abuela...

Virgen de la Amargura

En Semana Santa, la ciudad, su pasado y su historia, revive y se reencuentra a sí misma en lo que fue y quizá nunca debió dejar de ser. Gentes que regresan por una tarde a los barrios que abandonaron años atrás, niños que descubren sus raíces en el paso de una cofradía y desde el balcón de sus abuelos, añejas fachadas que ven curadas sus heridas, callejuelas escondidas y sinuosas por las que sólo se pasa para "acortar" en las noches de Semana Santa... Y es que la Semana Santa nos hace vivir la ciudad que recordamos y acaso la ciudad que soñamos...

Mas las procesiones poseen escenarios concretos que la ciudad le ofrece. Está el recorrido oficial, nacido en 1921 sobre los ejes de las decimonónicas vías de la Alameda y la calle del Marqués de Larios y cuyo vértice máximo se sitúa en la Plaza de la Constitución, corazón de la Málaga histórica.

Nazareno de la Salutación

Es este fragmento del itinerario el único en que cuesta dinero contemplar los cortejos y es también el único en el que algunas comitivas discurren completas, ya que en ciertos casos los integrantes de las presidencias honorarias que marchan en algunas cofradías se retiran una vez sobrepasado este circuito. Las localidades, que son alquiladas a los ciudadanos por la Agrupación de Cofradías, permiten asistir cómodamente sentado a las procesiones, si bien ese mismo estatismo transforma en público de patio de butacas lo que en cualquier otro punto de la ciudad es más pueblo que, aunque espectador también, participa de alguna forma arropando y dando calor a los cortejos mediante esas aglomeraciones tan de salida y encierro de cofradía que conocemos como "bulla". Por eso, el llamado recorrido oficial se asemeja un poco a un gran escaparate en el que tanto algunos integrantes de los cortejos como buena parte del público aspira tanto a ver como a ser visto.

Otro de los escenarios urbanos más importantes de la Semana Santa es la Catedral y sus alrededores. Aunque no todas las cofradías entran en la Basílica para realizar estación de penitencia, ciertamente las escenas de mayor belleza plástica que ofrecen las procesiones en combinación con la ciudad tienen lugar en este marco monumental. No sólo el discurrir de los cortejos por los aledaños de la Catedral, sino también y muy especialmente su tránsito interior bajo las bóvedas de piedra tallada constituyen saltos visuales en el tiempo que nos aproximan y casi nos sitúan en la urbe de siglos pretéritos hasta hacer percibir a cualquiera una inopinada melancolía por una época que, paradójicamente, no fue vivida.

Luego está la calle de Carretería con sus cientos de sillas de anea colocadas en las aceras por los vecinos y en cuyo extremo meridional se abre la llamada "Tribuna de los Pobres", esa cascada de gradas de piedra que baja desde la Rampa de la Aurora hasta la desaparecida Puerta Nueva, y en la que las gentes de los barrios de La Trinidad y El Perchel se arremolinan para vitorear a los Cristos y las Vírgenes de mayor devoción.

Virgen de Gracia en la Catedral

Es éste otro vértice excepcional de las procesiones en el que la Semana Santa cobra su plena dimensión como fiesta y en el que las presidencias y el ceremonial oficial han de rendirse a los ritos mucho más espontáneos del pueblo.

Salidas y encierros, salgan los pasos desde templos, casas de hermandad o tinglados de hierro y toldos, son siempre los escenarios y los instantes en los que cada cofradía es más protagonista por sí misma. Desde el silencio más intimista del más serio cortejo hasta el júbilo de la más jaranera cofradía, que de todo hay, siempre, invariablemente, será en la salida y en el encierro donde cada hermandad encuentre a sus incondicionales, a las gentes que saben cómo hay que ver a esa cofradía porque sienten una devoción sincera por sus imágenes titulares y porque albergan en sus pechos un apego irrenunciable y ancestral por cada adoquín de su barrio. Cada salida y cada entrada de tronos es semejante pero distinta. Cada salida y cada encierro es emocionante porque es la única hasta el año que viene. Y cada salida y cada entrada es especial y acaso irrepetible porque quién puede asegurar que para él no será la última...


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