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| 2.4. Cofradías, la tradición |
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Pocas instituciones pueden alardear de poseer una raigambre tan
honda y una historia tan larga y fructífera como las hermandades
de penitencia. Algunas de las cofradías andaluzas son más antiguas
que el Estado español como tal, pues su fundación tuvo lugar en
ciertos casos hasta con más de un siglo de anterioridad a la
mítica fecha de 1492.
En Málaga capital hunden sus raíces entre las postrimerías
del siglo XV y los inicios del XVI la hermandad del Cristo
de la Veracruz (hoy una de las Reales Cofradías Fusionadas)
y la Archicofradía del Cristo de la Sangre, al igual que la
Archicofradía Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista
(unida desde 1801 a la hermandad de penitencia dentilde;ora de
los Dolores de la misma feligresía). Asimismo, otras muchas
corporaciones nazarenas se desarrollaron durante los siglos XVI,
XVII y XVIII, si bien tampoco el XIX y, sobre todo, el XX han sido
ni mucho menos estériles en cuanto respecta a la erección de
hermandades.
En cualquier caso, lo relevante, por encima del deba encima del
debate acerca de cuál cofradía pueda ser la más antigua, es que
el desarrollo de las hermandades desde su aparición en la sociedad
malagueña ha sido progresivo aunque no del todo constante.
Con orígenes en muchos casos ligados a la presencia de órdenes
religiosas, con fines siempre piadosos como el culto y
asistenciales como los enterramientos, con conformaciones
sociales de naturalezas étnicas, gremiales o de mera residencia
vecinal, el devenir de las cofradías ha sido lo suficientemente
vigoroso como para llegar a la realidad que hoy podemos apreciar.
En la actualidad, merced a la mejora de las condiciones de vida de
la sociedad, las hermandades ya no han de sufragar los entierros
de sus hermanos, ni dotar las nupcias de las doncellas pobres, ni
procurar las exequias de los presos. Ahora la práctica de la
asistencia social se realiza mediante la colaboración con la
Administración y la aportación económica a organizaciones
especializadas. En cambio, la celebración de cultos a los sagrados
titulares, aunque lógicamente adaptada a las reforma conciliar, se
mantienen con extraordinaria fidelidad no sólo al espíritu sino
también a las formas, formas puramente barrocas, si bien el culto
externo, es decir la procesión es precisamente en nuestros días
cuando ha logrado su más alta cota de riqueza expresiva y artística.
El siglo XX, no en vano, ha sido llamado el segundo "siglo
de oro" de las cofradías (el primero fue el XVII). Tras la
crisis que para las hermandades supuso el convulso siglo XIX,
centuria en la que desaparecieron bastantes cofradías, víctimas
de la invasión napoleónica y las revoluciones internas, el inicio
del XX representó la época de un renacimiento de la Semana Santa
malagueña. La fundación de la Agrupación de Cofradías en 1921 fue
el punto de apoyo sobre el que se volvió a levantar el movimiento
cofrade. Desgraciadamente, los sucesos de mayo de 1931 en los que
fueron saqueados la práctica totalidad de los templos malagueños
y la contienda civil que los siguió constituyeron un durísimo golpe
para las cofradías, ya que éstas perdieron imágenes titulares y
ajuares de antigüedad y valía artística. Sin embargo, restablecida
la paz, las hermandades resurgieron con más fuerza que nunca.
Cercenado el árbol semanasantero durante varios años, sus raíces,
hundidas en la conciencia y el genuino ser del pueblo, rebrotaron
con enorme vigor. No sólo se restauró en apenas dos décadas todo
lo perdido, sino que nuevas cofradías fueron fundadas en un
movimiento que de regeneracionista se ha transformado en
expansionista, pues ya en la reciente década de los años ochenta se
han erigido otra decena de corporaciones mientras otras tres, aún
no aprobadas canónicamente, dan sus primeros pasos como asociaciones
de fieles.
Asimismo, las cofradías, como ejes vertebradores de la religiosidad
popular, se han convertido en piezas importantes en nuestra tierra
para el proceso de reevangelización que en toda Europa la Iglesia
pretende acometer con motivo del tercer milenio del nacimiento de
Cristo. La jerarquía eclesiástica, consciente del auténtico y
espontáneo carácter religioso de las hermandades, así como de
su poder de convocatoria, ha revalorizado su papel pastoral,
mientras las cofradías han aceptado el compromiso propuesto dada
su fidelidad a la Iglesia y a cuanto el Catolicismo representa.
Por otro lado, las relaciones de las cofradías con los Poderes
Públicos pueden calificarse hoy de óptimas, pues los dirigentes
políticos, sin distinción de ideologías, han superado viejos
clichés y son conscientes de la naturaleza y vigencia popular
de las hermandades. Así, los cauces de colaboración entre
Administración y cofradías viven una época de desarrollo carente
de las "hipotecas" que décadas atrás pudieron darse
durante el franquismo.
En suma, cabe concluir que las cofradías malagueñas se
encuentran hoy más fuertes y vigorosas que nunca, ya que jamás en
siglos precedentes contaron con tantos hermanos en sus filas ni
fueron tantas en número ni cumplían sus fines y actividades con
tanta regularidad, y ello pese a permanecer fieles a sus formas
barrocas y sus tradiciones, aspecto digno de resaltarse dado el
contexto de nuestra sociedad actual, tan dada a las modas y a los
cambios vertiginosos.
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