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| 2.9. Altares en movimiento |
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Si las imágenes titulares de las cofradías reciben
culto diariamente dentro de los templos en capillas y altares,
también cuando tales esculturas sagradas son procesionadas por
las calles lo son sobre altares móviles. Estos altares movibles,
en los que habitualmente se plasman escenas de la pasión de Cristo
o de la corredención de su Madre, reciben la denominación genérica
de "pasos", según el Diccionario de la Real Academia
Española de la Lengua. "Paso", pues, es el conjunto
formado por la imagen sagrada más las andas sobre la que ésta es
procesionada, con independencia del tamaño o del valor artístico de
tales andas.
Pues bien, si la denominación de "paso" es la
adecuada y correcta para expresar el concepto señalado en cualquier
lugar de nuestro país o el continente latinoamericano, los malagueños
han querido ir más allá y han devenido en llamar "trono" a
lo que en puridad se llama "paso". Ello se explica porque
en la capital malacitana, como en Vélez-Málaga de donde
originariamente procede el vocablo, desde antiguo, se ha llamado
"trono" a las andas sobre las que son portadas las imágenes
y asimismo, por extensión, esta palabra ha terminado por englobar el
concepto del conjunto formado por la imagen sagrada más sus andas
procesionales.
El uso de la palabra "trono", por otra parte,
parece más que idóneo para las andas si se considera que las efigies
sagradas que han de marchar sobre ellas representan a personas de
más que reconocida Realeza. Cristo es el Rey de reyes y su Madre es
Reina del Cielo coronada por la Santísima Trinidad. En consecuencia,
los malagueños demuestran poseer una fina sensibilidad para otorgar
a Jesús y María las andas que les corresponden, "tronos",
a la hora de ser procesionadas sus imágenes.
No obstante lo narrado, conviene no olvidar que los
tronos, con independencia de su riqueza artística, tan sólo son
altares susceptibles de ser transportados y como tales son piezas
del todo subordinadas a las imágenes; no en vano, hasta bien
entrado el siglo XIX, los tronos malacitanos eran simples peanas
grandes con forma de carrete, según el canon marcado desde la
cercana Antequera. Por ello, desde los orígenes de las procesiones
malagueñas y hasta la época de nuestra postguerra civil, los pasos,
es decir las imágenes sobre sus tronos, siempre salieron del interior
de los templos. Ciertas desavenencias entre el clero y los cofrades en
dicha etapa de nuestra historia provocaron que, desgraciadamente, los
tronos empezaran a montarse fuera de las iglesias, bajo
"tinglados" de palos y toldos de los que aún perviven
algunos ejemplos, y que, consecuentemente, las imágenes iniciaran y
finalizaran sus recorridos extramuros de sus templos.
Con el tiempo, especialmente durante las dos últimas
décadas, las cofradías han vuelto a salir de nuevo desde el interior
de las parroquias cuando el tamaño de sus tronos así lo permite o han
recurrido a la construcción de casas de hermandad y museos de tronos
para solventar el problema.
Los pasos, por otra parte, pueden clasificarse en varios
grupos y en función de su tipología. Son "pasos de misterio"
aquellos en los que la imagen de Cristo aparece rodeada de varias
figuras. Son pasos de "Nazareno" aquellos en los que Jesús
carga con la cruz y son pasos de "Crucificado" los que
muestran al Señor crucificado y sin otras figuras alrededor. Al margen,
se sitúan los "pasos de palio" en los que indefectiblemente
marcha una imagen de la Virgen, ocasionalmente acompañada de la efigie
de San Juan Evangelista.
Interesante, por cierto, es el origen y evolución del uso
del palio. El palio, como elemento procesional, representa un símbolo
de respeto de cuyo uso, en principio y según la tradición litúrgica,
sólo era acreedor Jesucristo Sacramentado en las procesiones
eucarísticas. Sin embargo, en el siglo XVI algunas cofradías
comenzaron a procesionar a sus imágenes de Cristo primero seguidas
del "palio de respeto" y luego directamente bajo palio, uso
que, curiosamente, poco más tarde, en el siglo XVII, sería abandonado
para ser trasladado a las imágenes de la Virgen dolorosa y en lo que
bien podría considerarse como una interpretación popular y genuinamente
andaluza de la distinción de los grados de culto debido que la teología
católica acuñó siglos atrás.
Así, según tales postulados teológicos, el culto
tributado a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, alcanza el máximo
grado o latréutico, mientras que el culto a los santos posee grado
menor o dulía, y el culto a la Virgen un grado superior al de los
santos pero inferior al de la Trinidad, el llamado de hiperdulía.
Según lo expuesto, el pueblo andaluz, acaso de forma meramente
intuitiva, ha querido distinguir a la Virgen cobijándola bajo el
palio en principio sólo reservado a Jesucristo Sacramentado, y ello
tal vez al colegir que María, Madre terrenal de Cristo, albergó en
su vientre el primer y auténtico Sagrario de toda la historia.
Con el transcurso de los siglos, los pasos fueron
ganando en complejidad y los tronos en tamaño y riqueza,
construyéndose tales tronos en madera tallada y sobredorada, en
plata o alpaca repujada e incluso en bronce, mientras el estilo
barroco triunfaba entre las cofradías y trascendía hasta el punto
de erigirse en una forma de concebir cuanto al exorno de las
imágenes y del conjunto de los pasos concierne, tal y como en
nuestros días puede fácilmente comprobarse.
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