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  3.2.2. Antequera I
Alameda Nazarena Antequera II   37 de 83    La Vega de Antequera Índice
Jesús Amarrado a la Columna

Ciudad ubicada en una encrucijada de caminos que la convierten en uno de los principales nudos de comunicación de la provincia y de la Comunidad. La Semana Mayor cuenta con una serie de elementos diferenciadores que hacen de ella un bello y armonioso conjunto en el que se entremezclan arte, historia, fe y tradición. Nueve son las hermandades que realizan estación penitencial durante la Semana Santa por sus calles, distribuidas a lo largo de todos sus días. Su rico y centenario ajuar procesional ennoblece el patrimonio escultórico; éste es de gran valor artístico, nacido de expertos maestros escultores que se asentaron en la urbe desde el siglo XVI.

Jesús Nazareno de la Sangre

Precisar su origen con exactitud es muy difícil. En las Ordenanzas de la Ciudad fechadas en 1531, aparece la primera relación de hermandades y cofradías. Según este testimonio documental, la primera hermandad que comienza a hacer estación durante la Semana Santa es la cofradía de la Santa Vera-Cruz en la noche del Jueves Santo. Tras el Concilio de Trento aparecen nuevas cofradías, siendo muchas de ellas promovidas por las distintas órdenes religiosas asentadas en la localidad.

En esta tesitura se entiende que durante los siglos XVI al XVIII surgen dieciocho hermandades penitenciales, algunas de las cuales han logrado sobrevivir hasta nuestros días.

Su situación geográfica la ha llevado a ser y sentirse diferente, entendiendo con ello que no se parece a ninguna otra, conservando una morfología ritual casi única. Desde su implantación, la Semana Santa ha estado sustentada de una manera manifiesta por unas marcadas diferencias sociales, que todavía hoy, en mayor o menor medida se siguen manteniendo. El notorio latifundismo de la Vega, dividía a la sociedad en patronos y jornaleros, reflejándose esta estratigrafía en la distribución de responsabilidades dentro de las cofradías; de esta manera la Semana de Pasión supone un acontecimiento religioso, social y cultural tremendamente rico en elementos y contrastes.

Santo Entierro

En Antequera, los pasos o tronos tienen una estructura semejante. Sobre las andas o parihuelas se dispone una sencilla moldura de madera dorada y con una decoración muy sobria. Debajo se agrupan los "hermanacos" o portadores, distribuidos en cortos varales. Las imágenes se encuentran elevadas sobre peanas, También llamadas "triunfos", bien de forma piramidal o de carrete (vírgenes) o sobre montes de musgos y claveles (Cristos). Completa el paso un sugestivo palio de perfil recto en su cornisamiento y con caídas dobles de bambalinas; su uso no es sólo privativo para las dolorosas, ya que el Nazareno de la Sangre y el Señor de la Salud y de las Aguas lo incorporan a su aparato procesional.

Todas las cofradías efectúan su salida desde el interior de los templos, de ahí su bella estampa en los momentos álgidos de salir o recogerse.

Los tronos carecen de patas fijas, y por eso en las paradas se utilizan las "horquillas" como pieza de sustentación del paso durante su estación.

Ntra. Sra. de la Paz Coronada

Durante el recorrido procesional hay momentos emblemáticos. Uno de ellos es la parada que se hace en el hospital, donde cada uno de los tronos se dispone frontalmente a la puerta, en señal de respeto y ayuda hacia los enfermos.

Otro momento de gran predicamento es el "correr la vega"; participando en el mismo cuatro cofradías, las que efectúan su salida el Jueves Santo y dos de las tres que lo hacen el Viernes Santo (la de la Paz y la del Socorro, conocidas como "la de arriba y la de abajo"). Su origen es difuso y se ha convertido en una de las estampas más peculiares de la Semana Santa. Consiste en subir unas cuestas bastante empinadas con el paso al hombro pero con un ritmo acelerado, subiendo casi en volandas y jaleados por los cofrades y devotos.

Dentro del cuerpo procesional, destaca la presencia de hermanos tarjeteros (Viñeros los empleó en la década de los cincuenta), maceros, celadores y sobre todo los campanilleros de lujo. Estos son niños de no más de siete años, que lucen una magnífica túnica de terciopelo bordada en oro con larga cola. Van junto al Hermano Mayor del trono y su labor consiste en tocar pequeñas campanillas que avisan que el trono va a comenzar a andar. Lucen, por otra parte, numerosas joyas de la familia.

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