| 3.2.4. Archidona I |
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En el norte de la provincia de Málaga, la localidad de Archidona se
extiende a las faldas de la Sierra de Gracia. Constituyen las procesiones de su
Semana Santa un verdadero catalizador para el archidonés, el cual se
prepara todo el año para el acontecimiento.
Una densa trayectoria histórica, un patrimonio antropológico
de primer orden y una serie de tradiciones seculares, convierten la Semana Santa
de Archidona en un foco singular dentro del contexto andaluz.
Seis son las hermandades constituidas en el ámbito de la Semana
Mayor, procesionando a sus titulares desde el Domingo de Ramos hasta el de
Resurrección.
Siguiendo el trazado histórico que apunta el historiador local
Jacinto Muñoz, rastreamos los primeros esbozos de hermandades
penitenciales en el seiscientos. Así, la cofradia de la Soledad aparece
en 1530 y años más tarde la de la Vera-Cruz (1561); las de la
Humildad y del Dulcenombre, en las postrimerías del siglo. Las centurias
siguientes (XVII y XVIII) asistimos al esplendor de la época que venía
propiciándose en gran parte por las tesis de Trento. El siglo XIX se
torna opaco para las cofradías a causa de las sucesivas crisis políticas
y sociales, amén de las contínuas desamortizaciones.
Ya en el presente siglo, las cofradías sufrirán un largo
estancamiento hasta 1927, año en que se funda la Agrupación de
cofradías, que se convierte en motor y eje de la actividad cofradiera.
También será por esa fecha cuando se decide incorporar al panorama
semanasantero la imagen de Jesús Resucitado como Titular del ente
agrupacional. La Guerra Civil frenó este desarrollo y quedó la
actividad cofrade en el interior de los templos.
Tras la contienda se recuperan los desfiles procesionales y se reactivan las
hermandades, y será 1961 el año de fundación de la
hermandad más reciente, la Pollinica, convirtiéndose en fiel
exponente del momento esperanzador que vive Archidona en las últimas décadas.
En el terreno de las artes, descuella sin lugar a dudas el amplio espectro
de la imaginería procesional con exponentes meritorios datados algunos en
el siglo XVI. Mención especial constituyen determinadas piezas suntuarias
que confieren en su exposición procesional un verdadero lenguaje
efectista de acento barroco.
Pero destaca de manera especial el apartado antropológico. Se ha
conservado una serie de tradiciones que se pierden en la nebulosa de los tiempos
y que hacen de esta ciudad escaparate de insólitas escenas durante la
Semana Santa. La figura más carismática es la del Campanillero,
cuyo origen asciende a aquella leyenda que narra cómo cada Viernes Santo,
los hermanos "yermitas" venían desde el paraje llamado Contarín
haciendo sonar las campanillas para anunciar la salida del Cristo de la
Humildad.
Otro figura singular es la del Apostolado. Son dos clases, el primero
llamado "de cruces", en número de doce por su referencia evangélica
al colegio apostólico (al igual que el otro modelo), visten túnica
de terciopelo, con corona de espinas en el antifaz, cinturón de esparto y
cruz al hombro. Participan en el cortejo con cierta autonomía:
abandonando la procesión como símbolo del abandono de ellos a Jesús
durante la Pasión, o hincando la rodilla en recuerdo de las tres caídas
mientras que una trompeta toca tres veces ("la zumba").
La otra clase, conocida como "de diademas", se fue perdiendo y
constituía una sección cuyos componentes portaban los atributos
pasionistas.
Cada sección de nazarenos está bajo el mando del "sampedro",
que hace las veces de mayordomo. Es tradición que en la noche, víspera
de la salida, recorran las casas de los cargos para ultimar los detalles de la
procesión.
Como quiera que las hermandades participan desde sus orígenes de las
dramatizaciones sacras, éstas han mantenido (cofradía del Huerto)
escenificaciones que se vienen desarrollando en el interior de los templos. Es
el caso de "la Embajá del ángel", interpretada por un niño
vestido de angelito que se sube al balcón-tribuna de la iglesia de la
Victoria poco antes de la salida, para recitar un cántico en verso en el
que anuncia a Cristo su inmediata Pasión.
Un ceremonial perdido fue el que gozaba la cofradía del Huerto al
poder liberar a un preso según un antiguo privilegio, tal y como lo hace
la cofradía del Rico en la capital.
No hay que olvidar el amplio recetario culinario que ofrece Archidona a
propios y extraños durante estas jornadas, destacando el "pestiño",
dulce elaborado con masa frita y recubierto con miel de caña o azúcar.
También es propio el rosco del Dulcenombre, recubierto de merengue y que
cada año regala un hermano colocándolo en el trono durante la
procesión. Posteriormente el dulce se subasta.
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