| 3.2.6. Campillos I |
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Situado estratégicamente entre las dos Andalucías, Campillos ha
pertenecido hasta 1958 a la diócesis de Sevilla, hecho que ha constituido
a la lógica influencia sevillana en algunas de sus tradiciones y
costumbres. Los primeros testimonios documentales sobre las cofradías
arrancan en el siglo XVI, aunque se puede afirmar que desde la fundación
de la villa (1492) hubo procesiones penitenciales. Casi todas las hermandades de
Semana Santa arrancaron en las centurias del Barroco, salvando la de la
Pollinica, que es de reciente fundación (1947).
Con el devenir de los tiempos, las cofradías evolucionaron en usos y
costumbres. Hasta el siglo XIX, los cortejos procesionales incorporaban
disciplinantes y empalados; apostoles con túnica, cruz y cabellera y
representaciones vivientes que desaparecieron.
La Guerra Civil dio al traste con la mayor parte del patrimonio artístico
y documental de las cofradías. Fue la etapa de la reconstrucción y
ello produjo la adquisición de la mayor parte de las imágenes que
hoy se procesionan, creándose en este contexto la cofradía de la
Pollinica. Años más tarde (1957) se constituye la Agrupación
de cofradías aunque se disolvió dos años después.
Con los años sesenta vinieron momentos de estancamiento, destacando
la crisis de hermanos costaleros (portadores), recurriéndose entonces a
sustituir los varales por artilugios de ruedas. De esta situación sólo
se salvó la hermandad del Santo Entierro.
Será en la siguiente década cuando los jóvenes acceden
a las Juntas de Gobierno y se inicia un período de fortalecimiento y
esplendor. De este modo, se vuelve a poner en marcha la Agrupación de
Cofradías (1987) con la consiguiente organización de las cinco
hermandades hoy existentes y con el logro de conseguir la imagen del Resucitado.
En el apartado imaginero, todas fueron realizadas por escultores sevillanos
y granadinos, con la salvedad de la imagen del Cristo Yacente (1947), obra de
Palma Burgos, y la de la Pollinica (1952), del taller de Olot.
Dentro de la producción arquitectónica campillera, hay que
hacer especial mención a las Casas de Hermandad. La funcionalidad es sin
lugar a dudas el leiv motiv de su existencia, actuando como aglutinante para los
hermanos durante todo el año y como lugar de salida, tal y como lo vienen
haciendo las cofradías de Padre Jesús y del Santo Entierro. En
1979 se construyó la primera (Santo Cristo) y posteriormente le
sucedieron las de Dulce Nombre, la del Santo Entierro (1982), inspirada su
fachada en la basílica de la Macarena, y la del Padre Jesús
(1984), que reproduce en su fachada la desaparecida ermita de Belén.
Diez son los tronos que se procesionan en Campillos durante la Semana Santa,
dos por cada una de las cofradías existentes. Todos siguen la línea
del trono malacitano; no obstante, la cercanía a la provincia de Sevilla
y su pertenencia al arzobispado de la capital andaluza hizo que influyera
notablemente en la estructura y morfología de los "pasos-tronos",
de tal manera que la hermandad de Padre Jesús tuvo dos pasos llevados por
costaleros hasta el año 1982, ya que la juventud demandaba los varales.
Quienes presencien nuestros desfiles procesionales, observarán una
serie de elementos integrados en los cortejos de gran valor antropológico
y que trazan una serie de distingos sobre el resto de otras celebraciones que se
desarrollan en el marco de la provincia. Entre ellos están los "acompañamientos",
que es un desfile que parte de la casa del Mayordomo y recorre algunas calles,
invitando de esta manera a la procesión, y que concluyen en el punto de
salida de los tronos.
El penúltimo domingo de cuaresma, el Viernes de Dolores, el Domingo
de Ramos y el Miércoles Santo callejea en riguroso orden un grupo de
hermanos llamados "pedidores de tasas" con el fin de recaudar fondos.
Personajes típicos son los "consiliarios". Su presencia se
testimonia desde el siglo XVII, y su misión es la de asistir en la
procesión a aquellos que lo necesiten: mayordomos, portadores,
nazarenos... Su número es de doce más el niño de la campana
y uno de ellos lleva una especie de trompeta ("turuta") para dar
avisos. Visten una indumentaria parecida al "goyesco": zapato negro
con hebilla dorada, medias negras y pantalones de polainas con dos borlas a cada
lado de la pantorrilla; llevan un fajín ancho con el escudo bordado de la
cofradía en oro y una especie de chaquetilla con cuello a la caja. En el
pecho figura igualmente el escudo de la hermandad bordado y cubren su cabeza con
un gorro terminado en punta.
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Ver también en la provincia |
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