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| 3.4.3. Riogordo |
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Conocida por todos es la importancia que adquiere en esta localidad la
representación viviente de la Pasión. No obstante hay que citar
también la salida procesional de Jesús Nazareno (obra de Palma
Burgos) y la Virgen de los Dolores (Pedro Pérez Hidalgo) el Viernes Santo
por la mañana, teniendo lugar "el encuentro" junto a la ermita.
Por la noche sale la Virgen en su Soledad. Pero lo más llamativo es el
PASO. Reorganizado por Tiburcio Martín hace más de cuarenta años,
tiene antecedentes en el siglo XVIII. Uno de éstos fueron los pregones de
la pasión que ya desde el siglo XIX eran recitados en los momentos
solemnes de la festividad.
Tales vestigios y la afición de Martín Toledo al teatro de
grandes masas, le llevaron a investigar sobre todo estos diversos fragmentos de
obras a la manera de autos sacramentales y que culminaron en una refundición
dramática con los siguientes elementos: los citados pregones, una obra
manuscrita del siglo XVIII de Fernández Ardavín y escenas propias
que dieron más agilidad a la acción. En esta gigantesca puesta en
escena participan todos los habitantes del pueblo en mayor o menor medida. Ahora
ya no responden a sus nombres cotidianos, sino que se convierten en personajes
del Nuevo Testamento. Se reúnen en grupos para hacer los múltiples
trabajos que son necesarios para llevar adelante la escenificación:
limpiar el recinto (de diez mil metros cuadrados), repasar y reponer el
vestuario capaz para trescientas personas entre actores y extras; dar brillo a
las armas para tantos soldados romanos y judíos; montar decorados en
madera y mampostería; instalar el sonido con una estación
distribuidora para micrófonos y altavoces; poner en marcha el
marketing... y a ensayar.
Sólo sus gentes y especialmente los jóvenes se preocupan por
mantener viva la tradición haciendo posible que año tras año
se renueven las emociones y se vista de fiesta el pueblo, encalando sus casas y
limpiando sus calles, y se apresta a recibir a diez o quince mil personas que
vienen atraídas por la fuerza ardiente del drama o por la belleza del
espectáculo. El PASO se ha convertido en el centro de la vida cultural
del pueblo, desde donde irradian otras actividades no menos importantes y
necesarias.
Desde la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén a
lomos de un jumento hasta la carga elegíaca del Gólgota, son
muchas las escenas en las que se ponen a prueba el grado casi de
profesionalización de sus actores, movidos por ese sentimiento colectivo
de superación y de identidad con su pueblo. Todo, pues, se cuida, dando
paso a un espectáculo que resulta casi vital en el panorama de las
representaciones vivientes de la Pasión en la provincia. Viernes y Sábado
Santos por la tarde son los días de representaciones, estrenando no sólo
ilusiones y esperanzas, sino también decorados y hasta nueva ambientación
escénica. Como apuntó Juan Gavilán, "tiene El Paso un
toque de ingenuidad, un mucho de esmero, un cúmulo de buena voluntad,
(...) un mucho de autenticidad, emoción y sencillez".
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