| 3.4.6. Nerja Y Maro |
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Los primeros datos de las cofradías penitenciales de esta localidad
arrancan en el siglo XVIII. La primera que tenemos testimonios
documentales fue la de Jesús Nazarsús Nazareno, que contaba entre sus hermanos con
un nutrido grupo de sacerdotes, impulsando en gran manera esta institución
nazarena fray José de Nerja, misionero que descolló en el alto
Orinoco durante el reinado de Carlos III.
A principios del actual siglo tuvieron un notable impulso las hermandades
por parte de la autoridad municipal. En esta tesitura se entiende que ya en 1915
decidiera el cabildo local sufragar los gastos ocasionados por la procesión
del Domingo de Ramos.
La Hermandad ya comentada se encargaba de organizar todos los actos de culto
internos y externos. Así, se procedía al lavatorio de los pies de
doce hermanos el Jueves Santo, mientras que por la noche procesionaba a las imágenes
titulares de Padre Jesús y la Madre de los Dolores, acompañados de
una sección de romanos. Al día siguiente se procedía al
ceremonial del Descendimiento y traslado de la imagen articulada del Crucificado
al Sepulcro, que era procesionado por la noche acompañado de María.
En ente cortejo los apóstoles portaban los instrumentos del martirio.
De madrugada, salía la Virgen como Soledad, acompañada de
mujeres vestidas de negro.
Tras la Guerra Civil, y con la lógica desaparición del
patrimonio, se procedió a su restauración, reorganizándose
en 1939, teniendo vida propia hasta 1945, fecha en que empezó su
decadencia por la sangría humana que suponía la continua emigración
de sus hermanos a América o a otros lugares del territorio nacional.
Tras un largo paréntesis, se decide reactivar la hermandad en 1969.
Durante ese periodo se adquiere la imagen de un Crucificado por parte de la
empresa RIFOL, procesionado sólo en dos ocasiones el Miércoles
Santo; en la actualidad se ubica en el centro del altar mayor de la parroquia.
En 1972 se acordó la constitución de sus titulares y los
colores de las túnicas, fijándose el calendario de las salidas
procesionales, siendo aprobados los estatutos en 1982. De este modo se
establecieron las salidas a partir del Jueves Santo, con las imágenes de
Jesús Nazareno (escultura granadina adquirida tras la Guerra Civil) y María
Santísima de la Esperanza. El Viernes Santo sale el Santo Entierro y
Nuestra Señora de la Soledad (Dolores).
Sin embargo, las jornadas no acaban con esta procesión rigurosa en el
pueblo más oriental del litoral malagueño, ya que en 1966 Jesús
Resucitado recorrió las calles de Nerja por vez primera a las doce de la
noche a hombros de jóvenes estudiantes. Acompaña la imagen de la
Inmaculada en este cortejo, definido como "la primavera religiosa de la
villa" dado que es la juventud la firme mantenedora de esta hermandad.
Citar, por último, la existencia de un "paso" viviente en
el que se recitaban versos compuestos por el racionero de la catedral Dr.
Antonio Peláez y que fueron recogidos en una obra publicada en 1840.
En este señorío de la costa existían unos precedentes
históricos y devocionales en las celebraciones de la Semana Santa, que
apuntan al siglo XVIII. Hoy en día, y tras los avatares de la historia,
se ha conservado una serie de rituales procesionales que tienen como moneda única
la sobriedad. El Domingo de Ramos tiene lugar la procesión de palmas y
olivos acompañando al sacerdote oficiante. En la noche del Jueves Santo,
se procede al rezo piadoso del Vía Crucis, atravesando bellos lugares de
esta localidad.
Tras los oficios del Viernes Santo, parte la procesión de la imagen
del Crucificado que es portada sobre los hombros -y no en andas- de cuatro
mujeres enlutadas. Tras esta escultura, dos largas filas de devotas portan
cirios para preceder a la Virgen de la Soledad.
En la tarde del Domingo de Resurrección sale la imagen del
Resucitado, a la que se suma todo el pueblo entonando cánticos letíficos.
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